Antonia Navarro de Kent cumplió 100 años rodeada por su familia.

por Noelia Venier

Para que dos personas se conozcan, se tienen que alinear los astros. Muchas coincidencias tienen que suceder para que una familia nazca: barcos que dejen puertos y lleguen a otros; estaciones de trenes que broten en el medio del campo; pistas de aviones que se construyan en el medio de ciudades que empiezan a crecer. Se tiene que emprender la aventura del viaje hacia nuevos horizontes donde finalmente echar raíces. Esa es la historia de Antonia, que tuvo que recorrer cientos de kilómetros junto a su esposo hasta llegar, finalmente, en la década del 50, a Morón y quedarse aquí para siempre.

Antonia cumplió 100 años el 13 de junio. Nació en 1919. Junto a su esposo, Eduardo Alberto, tuvo tres hijos: Eduardo Antonio, Norma Yolanda y Carlos Alberto. Y el árbol siguió creciendo y llegaron los nietos: Viviana, Betina, Martín, Facundo, Adriana, Pablo, Verónica, Emilce y Samanta. Y las ramas se extendieron aún más y llegaron los bisnietos (quince en total) y la tataranieta.

(de izquierda a derecha) Marta y Eduardo, Horacio y Yoli rodeando a Antonia. “Lo más lindo es que siempre estuvimos todos juntos.”

Cien años Antonia caminó sendas y sembró y echó raíces fuertes y sus brazos abrigan a toda la familia, que siempre la visita porque “ahora ya no puedo andar tanto”, confiesa.

“Festejamos los 100 años el domingo del Día del Padre en el Centro de Veteranos de Malvinas que está sobre la calle Mitre. No nos paró ni la lluvia ni el corte de luz”, cuenta Yoli, como le dicen a Norma.

Cerca de la ventana, el sol la ilumina y doña Antonia teje para todos los hijos, nietos y bisnietos.

“La alegría de poder disfrutarla es enorme, estamos todos alrededor de ella”, se emociona Eduardo.

Las palabras finales son para Antonia, la homenajeada: “Lo más lindo es que siempre estuvimos todos juntos”.

Tuvo que existir Villa Guillermina para que Antonia naciera. Y Rosario recibirla y más tarde despedirla cuando una familia la contrató para trabajar en su hacienda en Córdoba. Y tuvo que llegar a la hacienda un día cualquiera Eduardo manejando un colectivo y verla a Antonia para que la historia de esta familia, enorme, de ramas inmensas, finalmente germinara.