¿Cómo surge la idea de este viaje/gira? Hasta donde alcanza mi memoria, siempre hubo un sólo objetivo, un sueño único que me convertía en la anti Susanita entre mis amigas. Tener una banda y hacer giras. Hacer discos y hacer giras, y música y viajes, rock y mundo… bueno, se entiende.

por Ray Bottino

Me tocaba escribir algo sobre los sueños y la perseverancia y cómo a través de la autogestión podemos lograr lo que nos propongamos como artistas. Quería darle un encuadre lleno de luz y positividad. Pero, el mundo de las ideas y el mundo de lo sensible son dos cosas muy distintas, decía Platón. Aclaro que lo escribo desde un café en Atenas, así que siento que tengo la autoridad y la responsabilidad moral de traer a mi amigo Platonos a este escrito. La verdadera realidad es la que está en el mundo inteligible, nuestra realidad terrenal es meramente la que percibimos como ínfimos humanos. ¿Habré entendido bien? Lo traduzco así, la vida es bella y el mundo podrido. Y así, la belleza del mundo de las ideas se puede transformar en un desastre con patas donde cada pequeñita gota es rebalsadora de algún vaso y te lleva a preguntarte: ¿quién me manda?

Y sí, yo solita me meto en quilombos, y cada vez que mi diablito platónico y aventurero sobre mi hombro me empieza a tirar ideas locas, el angelito botón del otro lado le recuerda cosas como que en Europa no hay bidet, que a tus cervicales y lumbares no les cabe dormir en sillones o en el piso, y sobre todas las cosas que organizar sola una gira por Europa, viajar sola, arreglar todo sola y durante la macrisis quizás no sea una tan buena idea.

Y no, no lo es, pero siempre te queda esa sensación de que la vida es una sola y que las cosas hay que hacerlas, animarse, salirse todo el tiempo de la zona de confort porque… en realidad no sé por qué. Pero ya casi pienso que nos meten en la cabeza que aguante la aventura y que sentarte a leer en tu terraza al solcito con tu perra y tomándote un café es aburguesarse y vivir en la comodidad. Puaj… ¡qué asco la comodidad! (Inserte emoji de revoleada de ojos.) Esa, ahora, para mí, es la imagen misma de la paz.

Paz que obviamente está muy lejos de volar 2 días por una aerolínea que te manda de Buenos Aires a Sao Paulo, luego a Estambul, Estambul-Roma (dos días después de haber salido), donde te perdieron la valija que tardó otros dos días en llegar y donde el estuche recién comprado de tu guitarra esta todo destrozado. Y sólo pienso en mi terraza y en mi perra, y el diablito de mierda que idealiza la aventura y odia la paz mental. Llego a Roma y me siento Julia Roberts tratando de comprar un capuccino en Comer, Rezar, Amar, sólo que sudaka, roñosa, con escasos euros (mejor un mini expresso, per favore). El glamour te lo debo. Llego a Termini y nadie, nadie sabe dónde queda la fermata del bendito autobús 60 (así es… el 60), que me deja cerca de la casa de mi couchsurfer, ahora amiga/mama en Roma, Luana.

Para los que no conocen, googleen couchsurfing, es una manera muy linda de viajar, sentirse contenidx y no gastar un sólo peso en alojamiento. No es para cualquiera, porque no vas a un hotel, vas a una casa, a ser parte de un hogar por el tiempito que estés allí, a aprender, a respetar, a no imponer, a compartir, a intercambiar. Una oportunidad para cruzarte con almas viajeras que entienden las incomodidades de llegar a una cultura diferente y te pueden dar una mano, ayudarte a conocer el desde adentro sin las superficialidades del turista en manada con transfer y guía. Ser local y súper foráneo al mismo tiempo. Ser ciudadano del mundo.

En fin, Roma es intensa y muy descontrolada (te lo dice una conurbanense), hermosa, imponente, extremadamente fotogénica. Sacás una foto, caminás dos pasos y sacás otra foto de ese mismo lugar porque el ángulo lo hace más bello y así con cada paso, hasta que te pudrís de la cámara y sólo te dedicás a caerte de traste en cada esquina. Es un museo en movimiento, historia, arte, vida, dos mil y pico de años de humanidad candente a la vista y así se siente el día a día romano. Y por supuesto, no olvidar: la comida es lo más. No, no es mito. Purísima realidad (¡en tu cara Platón!).

Paso 5 días allí, sin shows (di con los contactos correctos muy sobre la hora), pasando por la Maratona Internazionale di Roma (5k bajo la lluvia mitad corriendo, mitad sacando fotos), conociendo, caminándola, perdiéndome una y otra vez, y comiendo pizza, pasta, gelatto (lo siento Desiré de Ituza, pero el zabaione romano es Dios), sus miles de variedades de verdura y un montón de cosas que ya no recuerdo el nombre. Mi paso por Roma en esta ocasión termina en el aeropuerto de Ciampino, que cierra a la noche y te mandan a esperar afuera 4 hs., con frío y equipaje, porque sí, porque viajás en una low cost, a la noche los autobuses/ trenes no llegan hasta allá y no tenés plata para un taxi, pero sí para los 65 euros que cuesta llevar el destartalado estuche de la guitarra (todo en la low cost se paga aparte, solo cost, nada de low). Los asientos no se reclinan y en vez de pantallita, tenés el dibujo de cómo ponerte el salvavidas y las instrucciones para no morir. Subí, me dormí, nunca escuché el despegue y cuando me desperté ya estaba en Grecia. ¡Kalimera!

¿Cómo surge la idea de este viaje/gira? Hasta donde alcanza mi memoria, siempre hubo un sólo objetivo, un sueño único que me convertía en la anti Susanita entre mis amigas. Tener una banda y hacer giras. Hacer discos y hacer giras, y música y viajes, rock y mundo… bueno, se entiende.

El plan era claro, tocás, alguien te descubre, te da un contrato millonario, recitales en todos los países, jets privados. Yo quiero ser del jet set. Pará… pará… pará… Porque sólo con hacer canciones no alcanza, y esto es Argentina y lo peor, ¡¡¡sos mujeeeeerrr!!!

Años y años tocando, armando proyectos, haciendo canciones, renegando con músicos, contra el machismo del rock, renegando contra el pomelismo tan clásico y tan pelotudo, pero insistiendo porque es lo que amás, aunque lo que te dé paz sea estar con tu perra en tu terraza.

Después de 5 años de laburo autogestivo, un día terminás un disco y decidís que te vas de viaje, porque no das más con la crisis y “a ver qué onda Europa” y, de repente, hay amigos que te pasan data, que te tiran un centro y empezás a conseguir fechas en Europa. Y, bueno, ¡ahí vamos! La gran aventura y encima pagan en Euros… (mmm… pero todo lo demás también es en euros.) En fin, contradicciones de la vida. ¡Qué va a ser! Vendiste la mitad de tus instrumentos y la otra mitad está a la venta aún. Tus viejos te dieron una mano y debés el alma al diablo mismo, que se caga de risa. Pero saliste de Buenos Aires con 3 fechas en Atenas, 2 en Inglaterra, una en Francia y una en Barcelona confirmadas. Y se suman un par más durante el viaje.

Anoche fue la primera en Atenas, en LaPlataforma, un centro cultural autogestivo, del under del under, con gente del mega under. El dato del lugar me lo pasó mi amiga ciudadana del mundo Ari quien me presta su sofá/cama por estos días (nos contactamos hace años a través de un foro de Manu Chao y luego nos conocimos cuando ella vino a Argentina y se quedó en casa). En algún momento de la noche, LaPlataforma se llenó de ciudadanos del mundo que empezaron a bailar con el Ensalada Style y conectaron, primero con la música, y luego conmigo, en griego, español, en inglés, francés, catalán. Y entonces creo que está bien haber venido. Y que quizás todo el esfuerzo, las deudas y la incomodidad valgan la pena. Van 10 días desde que salí de Buenos Aires y una fecha. Queda mucho por delante, por hoy sólo espero que salga el sol griego y que vuelva el WiFi para poder enviar esto. Aquí y ahora, sensible, inteligible, así de simple y así de difícil.