Stephen Hawking (1942-2018) es reconocido universalmente como uno de los más grandes físicos teóricos del mundo. Escribió, pese a sus enormes limitaciones físicas, docenas de artículos que suponen en conjunto una aportación a la ciencia que aún no somos capaces de evaluar adecuadamente.

por Andrés Rosso

Ayudó a que millones de lectores conocieran los orígenes del universo, desentrañó algunos de sus mayores misterios e inspiró a millones más al desafiar un pronóstico aterrador de ELA (esclerosis lateral amiotrófica).

En algún momento, debí enterarme de que el diagnóstico era esclerosis lateral amiotrófica (ELA), un tipo de enfermedad motora neuronal en que las cédulas nerviosas del cerebro y de la médula espinal se atrofian y luego se cicatrizan o se endurecen. También me enteré de que las personas con esta enfermedad pierden gradualmente la capacidad de controlar sus movimientos, de hablar, de comer y finalmente de respirar…”

En 1974, fue elegido miembro de la Royal Society; en 1979, fue elegido profesor para la Cátedra Lucasiana de Matemáticas, un cargo que había sido ocupado por Sir Isaac Newton.

“He tenido una vida extraordinaria en este planeta, mientras que, al mismo tiempo, he viajado por el universo mediante mi mente y las leyes de la física.”

Hawking siempre trató de responder esas grandes preguntas que se hace el hombre: ¿Es posible viajar en el tiempo? ¿Nos sobrepasará la inteligencia artificial? ¿Cómo damos forma al futuro? ¿Sobreviviremos en la Tierra? ¿Qué hay dentro de un agujero negro? ¿Podemos predecir el futuro? ¿Hay más vida inteligente en el universo? ¿Cómo empezó todo? ¿Hay un Dios? Y responde:

“Todos somos libres de creer lo que queramos, y mi opinión es que la explicación más simple es que no hay Dios. Nadie creó el universo y nadie dirige nuestro destino. Eso me lleva a una profunda comprensión: probablemente no haya cielo ni vida futura. Opino que creer en otra vida es tan solo una ilusión. No hay evidencia fiable de ella y va en contra de todo lo que sabemos en ciencia. Creo que cuando morimos volvemos a ser polvo. Pero hay un sentido en aquello que vivimos, en nuestra influencia y en los genes que transmitimos a nuestros hijos. Tenemos esta única vida para apreciar el gran diseño del universo, y me siento extremadamente agradecido por ello.”

Lo precedentemente narrado corresponde al libro Breves respuestas a las grandes preguntas que se hallaba en desarrollo en el momento en que Stephen murió (14 de marzo de 2018) y fue completado en colaboración con sus colegas académicos, su familia y la administración del legado de Stephen Hawking (Stephen Hawking Estate).

En el mismo aporta su visión y elevado conocimiento para responder las grandes preguntas. Sin embargo nos dejó inquietos ya que formuló otras que, por su fallecimiento, no respondió: ¿Cómo alimentar a una población en constante crecimiento, proporcionar agua limpia, generar energía renovable, prevenir y curar enfermedades y frenar el cambio climático global?