El mes pasado cumplí setenta años. Es decir que puedo comprobar, con tristeza, el deterioro de este bendito país que se llama Argentina.

por Andrés Rosso, Abogado

 

Esa decadencia no es sólo económica, aunque, evidentemente, la economía influye notoriamente en el desarrollo de un país.

En mi niñez y en mi juventud, la seguridad de las personas era responsabilidad exclusiva de la policía, no de guardias civiles privados. Obviamente no existían los barrios cerrados ni los countries. La salud de la población era garantizada por los hospitales públicos, no existían las prepagas médicas. La educación era pública, gratuita y universal, no había que pagar para recibir una educación adecuada.

Jugar en la calle era lo más común. No vivíamos encerrados en nuestras casas y con miedo de caminar por la noche. Los padres no sufrían hasta que sus hijos no volvieran de los bailes o las fiestas.

El policía era respetado. Había casi uno en cada esquina del barrio y era nuestro amigo. Mi padre me decía que cualquier problema o inconveniente que tuviera en la calle, sin dudarlo, recurriera a un policía.

La droga era casi desconocida.

La maestra era respetada y sufríamos cuando llevábamos una mala nota a nuestra casa. Seguro que nuestro padre concurría a la escuela a escuchar las razones y pedir disculpas por nuestra conducta.

Pero hablemos de economía. La Argentina comenzó a crecer a partir de 1880 con la construcción de más de 30.000 kilómetros de vías férreas y con la llegada de grandes corrientes inmigratorias y la instalación de frigoríficos de todo el mundo, provocando un crecimiento que se extendió hasta la Primera Guerra Mundial en 1914.

La ley de educación pública de Sarmiento colocó a la Argentina entre los países con menor número de analfabetos del mundo, hoy, con suerte, estamos en el puesto 55.

Entre 1875 y 1948 Argentina estuvo entre el puesto 10 y el 15 en el ranking mundial de ingreso per cápita. Nuestro país era uno de los países más ricos del mundo. Luego, con los años, caímos al puesto 50.

La pobreza jamás llegó a los porcentajes actuales. Lo más triste es que podríamos alimentar con nuestras cosechas a más de ¡400 millones de personas! Pero aquí hay personas, niños sobre todo, con hambre. Países con mucho menos recursos han crecido enormemente.

Aquí, hace años, discutían los peronistas y los antiperonistas. Ahora son los kirchneristas y los antikirchneristas. Son conflictos de poca monta, de cabotaje, intrascendentes.

En 1388 se libró la batalla de Bileca entre los bosnios y los otomanos. Los turcos penetraron en territorio bosnio hasta los alrededores de la ciudad de Bileca y fueron aniquilados por los bosnios. Esa batalla era aún invocada como motivo de rencor y venganza en la sangrienta guerra en la ex Yugoslavia. Vecinos mataban a sus vecinos y violaban a sus mujeres. No tenemos odios internos. Los inmigrantes se adaptaron excelentemente y la convivencia fue y es en paz. En Alemania prenden fuego a los inmigrantes turcos. En Italia, los del norte, dicen que los ciudadanos italianos del sur son africanos. En Hungría se persigue a los refugiados sirios. Los ingleses no quieren saber nada con el resto de Europa, etc., etc., etc.

En mis viajes al exterior, cuando se enteran de que soy argentino, siempre me preguntan cómo un país tan rico es tan pobre. Aún hoy no se responder.

Un cliente de nacionalidad suiza, refiriéndose a nuestro país, me dijo que “los argentinos están como están porque son como son”.

Lo dejo a tu criterio…