El 15 de abril de este año el mundo se estremeció.

por Andrés Rosso, Abogado

La catedral más famosa y emblemática de todo el orbe se estaba quemando sin remedio. “Cada lado, cada piedra del venerable monumento constituye una página no solo de la historia de la nación, sino también de la historia de la ciencia y del arte”, estas palabras fueron escritas por Víctor Hugo en 1831 en su novela histórica Notre Dame de Paris.

Sin importar el credo, todos los hombres y mujeres se estremecieron por el espectáculo que mostraban la televisión y las redes sociales. No solo representa esta catedral el espíritu de Paris sino que, también, es un símbolo religioso por excelencia. No es la más hermosa, ni la más grande, pero cuando hablamos de catedrales góticas surge de inmediato su nombre. Millones de personas de todo el planeta la visitan. No se conoció París si no se visitó Notre Dame. Lamentablemente pasarán años para su reapertura. El daño causado por las llamas es muy importante. Todo el techo desapareció, la aguja se derrumbó y los rosetones coloridos sufrieron graves deterioros.

En el año 1163 se comenzó su construcción y, como obra que era del pueblo, Notre Dame fue levantada gracias al trabajo de los distintos gremios de carpinteros, herreros, escultores y vidrieros, que se entregaron a su trabajo imbuidos del más puro espíritu  medieval de colaboración que inspiraba toda obra religiosa, terminándose en 1345.

Pero no todo fue esplendor para la catedral. La Revolución Francesa en la década de 1790 se encargó de devastarla y la desacralizaron, es decir que ya no fue un centro religioso sino un almacén de alimentos, pasando al poder del Estado y no de la Iglesia.

Napoleón se encargó de recuperarla como templo religioso y se la devolvió a la Iglesia y, de paso, se coronó, en 1804, como emperador de Francia.

Pero el que logró, mediante su obra literaria, sacarla del abandono fue el escritor, poeta y político francés Víctor Hugo. El pueblo y las autoridades se movilizaron y comenzó la ardua tarea de reconstrucción.

Innumerables modificaciones y restauraciones se efectuaron y fue retomando su majestuosidad poco a poco hasta convertirse en un templo de fama mundial ubicado en el corazón de, sin dudas, la ciudad más hermosa y elegante del orbe.

Pero, su viejo techo de madera de roble se comenzó a quemar a las 18 horas de ese lunes 15 y, en poco tiempo, se destruyó la historia. ¿Será un símbolo?

El mundo está viviendo tiempos de discriminación, de hombres y mujeres que buscan un refugio en la vieja Europa pero, la mayoría, no lo logra por decisión de los propios europeos.

La Comunidad Europea se resquebraja, los ingleses decidieron separarse, los irlandeses parece que vuelven a la lucha fratricida, los desesperados inmigrantes africanos o sirios son rechazados, las ideas de supremacía blanca reaparecieron… Quizás haya que revisar esas acciones.