por Andrés Rosso, Abogado

Al escribir esta nota me encuentro en la ciudad de Los Ángeles, EE. UU., y el domingo 14 de julio, habitantes de diferentes ciudades del país se estremecieron.

No era para menos, el Presidente Trump ordenó a la policía de inmigraciones hacer redadas para buscar y encontrar a inmigrantes ilegales, detenerlos y enviarlos a su país de origen sin miramiento alguno. Tengan o no hijos norteamericanos.

Los canales de televisión latinos hacían saber que si la policía golpeaba la puerta, no debían abrirle, a menos que tuvieran una orden específicamente dirigida al inmigrante y, obviamente, firmada por un juez.

Que se asesoraran con un abogado y si eran detenidos, bajo ningún concepto, prestaran declaración.

Obviamente que a aquel que se encuentra de manera ilegal no le dan la oportunidad de regularizar su situación legal en el país.

Las ciudades afectadas son Los Ángeles, Atlanta, Baltimore, Chicago, Denver, Houston, Nueva York, San Francisco, Miami, entre otras.

Nancy Peloso, presidenta de la Cámara de Representantes, dijo que cuando el Presidente Donald Trump se refiere a hacer EE. UU. grande otra vez, lo que ha tratado de hacer es que EE. UU. sea blanco otra vez.

Según el primer mandatario, el domingo 14 “fue un día muy exitoso” por la cantidad de personas detenidas. Sin embargo, las sociedades defensoras de los inmigrantes han manifestado que fue un día más que normal.

De una u otra manera se ha creado en la población un cierto temor que hace que su vida sea muy difícil, tienen miedo a salir a protestar y se guardan en sus casas mientras no deban ir a trabajar.

He comprobado personalmente cómo argentinos indocumentados que viven en EE. UU. tienen pánico, por ejemplo, a cometer una simple infracción de tránsito y ser abordados por la policía.

Y ni hablar de recorrer largas distancias dentro del territorio norteamericano porque se acrecienta, notablemente, el peligro de ser descubiertos por nimiedades como tener quemada la bombilla de un farol del coche en el que se circula. Porque, seguro, la policía actuará por ese simple motivo y, muy posiblemente, se enteran de la situación ilegal.

La eterna pregunta que me hago es si vale la pena vivir de ese modo en un país extraño, desconociendo su futuro y el de sus hijos.