Amalia Gonçalves es la dueña de Cirila, indumentaria para bebés, niños y adolescentes, con locales en Castelar y Morón.

Por Noelia Venier

A la altura de Madrid, en el noreste de Portugal, muy cerca de los picos más altos, llamados Serra da Estrela, a donde los portugueses van a esquiar, existe un pueblo muy chiquito que resiste el paso del tiempo: Velosa. Los campesinos, desde siempre, comen lo que producen, en el mercado consiguen zapatos y ropa, o la tela con la que se harán; las cabras y las vacas andan sueltas por las calles. Es simple la vida en ese pueblo de montaña donde Amalia nació en 1944. Creció entre los miedos de la guerra y la curiosidad de toda niña. El hambre empujó padres y hermanos al otro lado del Atlántico. Las mujeres esperaron pacientemente, entre las ruinas de ciudades desaparecidas, que la hora de cruzar llegara. Diez años tenía Amalia cuando llegó a la Argentina, un país que esperaba envuelto en el viento de los nacimientos.

“Vinimos mi mamá, mi hermana más chica y yo. Fui a particular para aprender a hablar español. Hice los años que restaban de la primaria en el colegio número 3. La secundaria en el Dorrego, antes me preparé para rendir el examen de ingreso.”

Apenas llegados, vivieron en una casilla frente al arroyo Morón, calle Levenson, que se inundaba cada vez que el arroyo crecía. Después del agua, llegaban las ratas. Y el olor a barro ensuciando todo. En la esquina, su padre tenía un bar y era quien preparaba el almuerzo para los obreros de la fábrica que estaba justo enfrente, Tintorería Morón.

“Antes de terminar el secundario, ya me había anotado para cursar la carrera de medicina pero mi padre me dijo que no me convenía estudiar. Mi mamá no iba a poder pagar la carrera. Él ya sabía que se iba a morir. Fue duro para mí. Me dijo: ‘Vos sos muy buena, muy trabajadora, te van a querer en todos lados’. Con ese argumento me ganó. Así que cuando terminé el secundario, salí a buscar trabajo. Si hoy hay acoso a las mujeres, no te imaginás en ese entonces. Una amiga, con quien buscaba trabajo, me sugiere poner una mini academia de apoyo escolar en Villa Tesei. Yo estaba por terminar mi sexto año de inglés. Después, como no nos rendía el alquiler, nos repartimos los alumnos. A medida que pasaron los años, desde los 21 ó 22 años hasta los 33 años di clases, me fui perfeccionando, y los alumnos crecían día a día. Dejé cuando ya tenía a 3 de mis 4 hijos.”

– ¿Cómo te iniciaste en el comercio?

– Mi mamá volvió a Portugal a vender unas tierritas que teníamos. Con ese dinero, mi hermana y yo nos compramos un local en una galería en Morón. Nos fue mal. Seguí dando clases de inglés. En ese ínterin conocí a quien es hoy mi esposo, Miguel Fortuna. Me hice amiga de su hermana, Carmen, que trabajaba en Gonvil, un negocio muy paquete de ropa femenina en Morón, a donde compraban las mujeres más ricas.

Amalia y Miguel trabajaron mucho. Progresando de a poco pero siempre con el objetivo firme de salir adelante. “Miguel cosía a máquina bolsos de paja italiana desde las 8 de la mañana hasta las 12 de la noche. Yo seguía con mis alumnos. Un día le propusimos a Carmen poner un negocio. Ella conocía muy bien el rubro. Pusimos Cirilla en San Miguel, era el año 1969. Lo atendía Carmen, mi marido seguía cosiendo bolsos, después empezó a vender carteras, yo seguía con mis alumnos. El negocio fue creciendo. Entonces, abrimos un local en Castelar y después en Morón.”

– ¿Cómo es Amalia Gonçalves?

– Soy muy activa, tanto mental como físicamente, me cuido, me mantengo. Hice terapia durante toda mi vida para sobrellevar el dolor de la vida, las dificultades, la pérdida. La gente se va y no se va, se va y se queda, mi segunda hija partió, mi cuñada Carmen, también. Así que Natalia, mi sobrina, después de un tiempo, vino a vivir con nosotros. Crié 5 hijos: Pablo (músico cesionistas, saxofonista), Patricia (diseñadora gráfica), Mariana (abogada), Sebastián (abogado) y Natalia (maneja Cirilla Morón). Todos hicieron carrera. La vida compensa siempre – cuenta emocionada.

– Como comerciante, ¿qué opinás de la situación actual?

– A algunas personas les digo que es como el 2001. No hay una crisis social como había en ese momento; pero comercialmente estamos igual. Con muchas dificultades. Muchos locales están cerrando porque los dueños no se adecúan a la situación. Yo siempre digo que hay que vivir y dejar vivir. Si al señor que te está alquilando le va mal, vos también perdés. Esa no es la filosofía de todos. ¿Qué local puede bancar un alquiler de $30.000 pesos? Algunas veces me agarra temor y otras veces arremeto como un huracán. Agarro la capa y la espada y salgo.

En la charla aparecen otras mujeres. Más cercanas, hijas, amigas, y también mujeres que nos antecedieron y marcaron la huella por la que transitamos ahora. Simone de Beauvoir, Julieta Lanteri, Alicia Moreau de Justo. Ellas, como tantas otras, seguras de que a las mujeres no nos regalarán nunca nada, lucharon por las sin voz, las oprimidas, por el voto femenino…

“No quiero ser negativa”, comparte. “Pero leí en un diario que la mujer recién va a lograr estar en igualdad de condiciones que el hombre, a nivel mundial, dentro de 200 años. Además, las mismas mujeres somos responsables de lo que nos pasa. No es fácil que en tu casa vos le digas a tu hija que levante los platos y también se lo digas a tu hijo. Lo más seguro es que a tu hijo le des un preservativo y con tu hija te hagas la tonta… Siempre fui transgresora hasta donde pude, aunque mis hijos me decían que no trataban igual a las mujeres que a los varones. Y tuve que reconocer que tenían razón porque uno no puede cambiar más allá de lo que el afuera te propone. No podés decirle a tu hija que disfrute de su vida sexual con quien quiera si cuando sale en la calle la van a tratar de prostituta.”

“Volví tres veces a Portugal pero soy más argentina que portuguesa. Agradezco a un país que me recibió y tengo que aceptar que muchos como yo vinieron, mataron, destruyeron, violaron. Por eso defiendo las causas injustas, como la de los mapuches. Ellos ya estaban cuando vinieron de Europa. En la época que estamos viviendo hoy, no sólo en nuestro país, en el mundo, el capitalismo rabioso se prioriza. Yo creo que es porque así como el rico no puede ser rico si no existe el pobre, el país rico no puede ser rico si no existe el país pobre. Desde ese punto de vista, un país rico va a tratar de que siga existiendo el pobre para sostenerse. No hay estabilidad. Lo tomo común a toda Sudamérica, creo que Estados Unidos y Europa también son responsables de lo que nos está pasando.”

Mujer luchadora. Madre, abuela de dos bellas nietas. Mujer trabajadora. Que no olvida de dónde viene y sabe a dónde va. Amalia inspira. Ante la pérdida, nunca bajar los brazos. Encontrar siempre en la vida motivos para sacar fuerzas. “Mediante el trabajo ha sido cómo la mujer ha podido franquear la distancia que la separa del hombre. El trabajo es lo único que puede garantizarle una libertad completa”, decía Simone de Beauvoir. Amalia lo pone en práctica.

“Soy una mujer fuerte, luchadora, infatigable, respetuosa del otro y de sus derechos, con capacidad de contención y empatía, y con una fuerte autoestima”, describe Amalia.

En la foto, con su esposo, Miguel Fortuna. Ambos construyeron una familia unida por el amor y el trabajo.