En un reciente viaje a Europa cumplí un anhelado deseo: visitar la residencia donde vivió sus últimos años el Gral. José de San Martín, en la ciudad de Boulogne sur Mer, República de Francia.

 

por Andrés Rosso, Abogado

 

Un simple y rápido viaje desde la estación de trenes Gare Nord, de París, de poco más de dos horas y se llega a la casa ubicada en una importante calle de la ciudad.

Toqué timbre y me recibió el Granadero Martín Rodríguez, destinado, con su familia, a cuidar la casa y que se domicilia en el lugar por dos años hasta que es reemplazado por otro camarada.

La casa, en realidad, el primer piso, fue alquilado por el General a un periodista y abogado dueño de la propiedad, quien conocía las hazañas de San Martín y que ocupaba, con su familia, la planta baja. El inmueble, tiempo después, fue adquirido por el Gobierno Argentino.

El estado de conservación es excelente, hay muebles y objetos que pertenecieron al General, muchos de los cuales son réplicas, ya que los originales fueron remitidos a Buenos Aires, al Museo Nacional, como por ejemplo, el famoso sable corbo, de origen belga, que San Martín adquirió usado. El original también fue destinado al museo.

Uniformes, cuadros de militares que lo acompañaron, una detallada maqueta del cruce de los Andes, el famoso “daguerrotipo” que mandó a hacer su hija Merceditas y que muestra realmente la figura de San Martín.

Casi tres horas estuve en lugar y, mientras recorría la casa, vinieron una joven pareja de ingleses y tres muchachos, dos uruguayos y un argentino.

Martín me relató que el General es muy respetado y una buena cantidad de franceses e ingleses visitan el lugar.

Cuando falleció, sus restos fueron inhumados en la cripta de la Basílica de Notre-Dame de la ciudad. Allí se encuentra un busto del General, una bandera argentina y placas (una de ellas traída por la Fragata “Libertad” en 1966).

En 1861, sus restos fueron repatriados a la Argentina y en la actualidad descansan en la Catedral Metropolitana.

También, a unos minutos de la casa, existe un monumento importante del General, montando su caballo, y el paseo que lo circunda lleva su nombre.

Este monumento tiene una historia increíble: durante la II Guerra Mundial, entre 1940 a 1944, la ciudad sufrió 500 bombardeos de los aviones alemanes. Todo era ruinas y desolación. Sin embargo, el monumento no sufrió daños, apenas unos agujeros de metralla. Los habitantes del lugar, los “boulonnais”, tomaron esto como un milagro y su respeto y admiración por el General aumentó.

Reitero, la experiencia ha sido conmovedora y considero que todo argentino, que tenga la posibilidad económica, debe visitar el lugar. No se arrepentirá y quedará para siempre en su memoria como un grato recuerdo.

Un agradecimiento a Martín y su noble tarea. ¡Es un anfitrión de lujo!

¡Viva la Patria!