Dictada en marzo de 2013 y publicada recientemente por el diario El País, expulsó del sacerdocio a Pere Barceló, acusado de violar repetidamente a una niña.

por Andrés Rosso, Abogado

 

Dictada por el tribunal eclesiástico de Mallorca, España, luego de permanecer oculta, ha sumido a la Iglesia española en una grave crisis. La sentencia estaba protegida por el secreto pontificio y se dictó con el papa Francisco cuando fue recién.

La sentencia admite que la Iglesia, frente a estos casos, “miraba, con frecuencia, hacia otro lado, disimulando los hechos que aparecían. Hoy en día se habla de tolerancia cero ante los comportamientos abusivos, de los cuales se considera un agravante la autoridad con que los abusadores se presentan delante de las víctimas inocentes menores de edad”.

Firmada por tres jueces y un notario eclesiástico, todos sacerdotes, la sentencia aplicó el castigo más duro que prevé el Código Canónico: “Siendo muy graves, por su naturaleza y también por su número, los abusos sexuales cometidos por el acusado, se le impone a Pere Barceló Rigó, presbítero, la pena máxima de expulsión del estado clerical”.

Los hechos ocurrieron en 1998, cuando un catequista sorprendió al condenado, en ropa interior, junto a una niña de 10 años en el sofá de la parroquia de Can Picafort. El catequista investigó el tema y conoció otros abusos del mismo cura en la localidad de Cala Rajada, Almería, a otras niñas. En ese mismo año realizó la denuncia. La Iglesia no hizo nada, ni siquiera abrió un procedimiento. Un fiscal ordenó diligencias pero la niña negó los hechos y se ordenó el archivo de la causa.

Tuvieron que pasar más de diez años para que el caso renaciera tras un reportaje que emitió la televisión de Cataluña, donde se recordaba el episodio.

Entonces sí, el obispado de Mallorca se movilizó y abrió un procedimiento a comienzos de 2011. Una mujer denunció los hechos a través de la asociación de la Red de Ayuda de Niños Abusados.

Roma avaló y levantó el plazo de prescripción y ordenó abrir el proceso penal contra el sacerdote. La víctima, que había negado los hechos, los admitió por primera vez en noviembre de 2012 y también se animó a denunciarlos ante la justicia ordinaria. No lo había hecho anteriormente por miedo a las amenazas del cura.

El acusado negó todo ante los jueces eclesiásticos, pero igualmente fue condenado.

La Audiencia Provincial de Palma, juzgado penal, condenó, en julio de 2016 a Pere Barceló a seis años de prisión. Aquí sí el sacerdote reconoció ante la Audiencia Provincial todos los delitos “punto por punto y hecho por hecho”.

La confesión de los hechos fue un atenuante para que se le rebajara la pena y, actualmente, está cumpliendo la sentencia en la prisión de Segovia.

Desde la década de los cincuenta hasta nuestros días, se han cometido infinidad de abusos a manos de curas. Sin embargo, en los tribunales de justicia apenas hay 40 sentencias condenatorias a curas en los últimos 30 años.

Sin palabras…