Su nombre es Ricardo Abel Herrera (59), más conocido como Richard. Hace 35 años que lleva adelante con Luisa Carpegna y sus hijas, la tradicional pizzería ubicada frente a la estación de la ciudad.
Nació en Pilar. A los 7 años ya lo traían a jugar al fútbol al Club Unión de Derqui.
“Me traía el padre de Raúl Arotce, tenía una estación de servicio en el pueblo, y después de 50 años sigo jugando al fútbol”, arranca entre risas.
Richard es hincha fanático del “Ciclón”.
-El Papá de boquita-, dice contento.
Hace poco llevó a sus dos nietos, Ezequiel y Tomás, a la cancha.
“Fue uno de los días más felices de mi vida, cuando llegué y empezaron a gritar ‘¡¡¡San Lorenzo, San Lorenzo!!!’”, se emociona y muestra una foto colgada en la pared.
Reconoce que los hechos trascendentales de su vida los pasó en esta ciudad.
“En Derqui me casé, tuve a mis hijas (Verónica y Patito) y tengo El Molino”.
-¿Y… qué es El Molino?
-Es un mito que no se va a terminar nunca, hoy vienen los nietos de gente que estuvo cuando recién empezamos, quien no conoce El Molino no conoce Derqui-, sentencia entre risas.
En 35 años hubo momentos memorables y difíciles, como cuando se prendió fuego un 31 de diciembre del 2000.
Abierto las 24 hs. los 365 días del año, quién mejor que Richard para preguntarle cómo es la noche Derquina.
“Y… es jodida, los tiempos cambian, antes se podía convivir con la gente toda la noche y ningún problema, ese Derqui es el que se extraña”, confiesa.
-Pero El Molino sigue adelante, ¿cuál es el secreto?
-A mí me respetan como yo respeto a los demás, el secreto es usar mucho la psicología, saberse llevar con las personas.
Sobre las mesas del lugar pasaron grupos de amigos, desayunos donde chamuyar las noticias del día, tardes de cervecitas y fútbol, noches mágicas y tantas cosas más.
“El primer dueño fue Borsani, después lo tuvo Jorge Gil con el hermano hasta que compramos nosotros”, repasa.
Su historia ya está guardada en la memoria colectiva, en el corazón de quienes vivieron los años dorados de un Derqui jubiloso, entrañable en la amistad. Tantos niños de la calle que se tomaron un desayuno calentito en noches de frío.
Sí amigos, hay lugares que no duermen, puntos claves al momento de pensar a Derqui.
Uno de esos está piloteado por dos grandes: Luisa Carpegna y Ricardo Herrera. Y se llama “El Molino”.