{"id":6756,"date":"2021-01-18T10:30:46","date_gmt":"2021-01-18T13:30:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.periodicoelapogeo.com.ar\/site\/?p=6756"},"modified":"2021-01-18T10:30:50","modified_gmt":"2021-01-18T13:30:50","slug":"el-guardian-de-los-caminos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.periodicoelapogeo.com.ar\/site\/el-guardian-de-los-caminos\/","title":{"rendered":"El Guardi\u00e1n de los caminos"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-medium-font-size\">La leyenda de \u201cEl Avatar Derquino\u201d<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"723\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.periodicoelapogeo.com.ar\/site\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/IMG-20210115-WA0000-723x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-6757\" srcset=\"https:\/\/www.periodicoelapogeo.com.ar\/site\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/IMG-20210115-WA0000-723x1024.jpg 723w, https:\/\/www.periodicoelapogeo.com.ar\/site\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/IMG-20210115-WA0000-212x300.jpg 212w, https:\/\/www.periodicoelapogeo.com.ar\/site\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/IMG-20210115-WA0000-768x1087.jpg 768w, https:\/\/www.periodicoelapogeo.com.ar\/site\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/IMG-20210115-WA0000.jpg 904w\" sizes=\"(max-width: 723px) 100vw, 723px\" \/><figcaption>Ilustraci\u00f3n de Ariel C\u00e1ceres.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Por Eric Le-Quesne<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Adri\u00e1n Grada y Soe Sol eran dos j\u00f3venes muy enamorados. Re\u00edan, se un\u00edan y ard\u00edan dondequiera; tal era as\u00ed, que la incandescencia de sus ojos al mirarse encend\u00eda cualquier objeto a su paso.<\/p>\n\n\n\n<p>Se sacaban fotos imaginarias en los charcos despu\u00e9s de la lluvia; imitaban a los p\u00e1jaros soplando las botellas de sidra; se disfrazaban con cart\u00f3n; se retrataban entre s\u00ed dibuj\u00e1ndose con los dedos en los autos sucios; se dedicaban canciones con los ladridos de los perros y se regalaban ring tones con las bocinas de los camiones que pasaban por la ruta, cuando paseaban en las tardes por la banquina.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0Un 12 de junio, desde Corrientes, lleg\u00f3 un t\u00edo de Adri\u00e1n, quien todos los a\u00f1os volv\u00eda para las fiestas patronales de Presidente Derqui. Vino para cumplir una promesa que le hab\u00eda hecho a San Antonio (Patrono de esta ciudad), cuando lo despidieron de la f\u00e1brica FVen el a\u00f1o 2002.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0El agrado del t\u00edo fue tal al conocerlos que los invit\u00f3 a que pasaran un fin de semana en su casa de Corrientes, para que conozcan el r\u00edo. Dec\u00eda que le recordaban a su \u00e9poca adolescente, cuando \u00e9l y su difunta esposa eran novios.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0 Ya en Yapey\u00fa, cuando posaban en sus \u00faltimas fotos imaginarias del d\u00eda, al costado del camino, para ese inmenso \u00e1lbum de recuerdos del R\u00edo Uruguay, brusca y repentinamente del matorral, se les cruza un b\u00faho desesperado, perseguido por un perro enloquecido que lo quer\u00eda atrapar. El ave revoloteaba insistentemente por sus cabezas, mientras, el perro enardecido, ladraba y saltaba tanto que casi volaba.<\/p>\n\n\n\n<p>A la luz de la primera estrella, inexplicablemente, se irrumpe el silencio\u2026 El matorral y el camino se invaden de la nada, los dos se miran extra\u00f1ados, solo vuela la calma, el aire y el frescor de la inminente noche. Los primeros mosquitos apenas orquestan sus zumbidos con las ranas y los destellos de las luci\u00e9rnagas comienzan a encenderse. A Soe le hace acordar las noches de verano en Derqui, en las que, a lo lejos y en silencio, se divisaban los aviones que esperaban para aterrizar en Aeroparque, volaban en c\u00edrculos por horas hasta que todos tocaban tierra. T\u00e1cticamente las luci\u00e9rnagas se alinean, como si estuvieran prepar\u00e1ndose para recibir \u00f3rdenes y acatarlas de inmediato y entonces\u2026 Aparece Noem\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0Ellos, sorprendidos, la miran, y esperan a que hable\u2026 Noem\u00ed les dice: \u201cYo s\u00e9 de ustedes, en el pueblo comentan que son derquinos. Soy Noem\u00ed, nieta de un Cacique Toba y tambi\u00e9n s\u00e9 que all\u00ed, viven \u00e9l y muchos m\u00e1s en una comunidad, \u00e9l no sabe de m\u00ed porque mi padre se alej\u00f3 enemistado y jam\u00e1s me permiti\u00f3 que lo encontrara. Por eso, he venido a traerles tres b\u00fahos de barro, solo quiero que le entreguen este. Este que tiene los ojos de otro que mi padre trajo de all\u00ed y lo romp\u00ed cuando aprend\u00ed a caminar. Mi abuelo al verlo sabr\u00e1 lo que significa, y estos dos quiero que los conserven ustedes como muestra de mi gratitud por lo importante que es para m\u00ed que el Cacique lo reciba\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>A Soe se le eriza la piel al notar que, sin haber hecho ning\u00fan ruido, de pronto, el perro enloquecido estaba sentado, amistosamente, a la derecha de Noem\u00ed, quien contin\u00faa dici\u00e9ndoles: \u201cEstos animalitos de barro son amuletos de la buena suerte para las personas que consideramos especiales y, ahora, ustedes son amigos para m\u00ed\u201d. Dicho esto, extendiendo y cerrando sus alas en toda su amplitud, del cielo baja el b\u00faho desesperado y aterriza en calma, con absoluto control y repos\u00e1ndose sutilmente en el hombro izquierdo de Noem\u00ed;\u00a0\u00a0 las luci\u00e9rnagas dejan de titilar, los mosquitos y las ranas cesan su sonar, Noem\u00ed desaparece&#8230; La noche cae.<\/p>\n\n\n\n<p>El Loba era un intr\u00e9pido al volante o, mejor dicho, un imprudente. Siempre hac\u00eda alarde de sus haza\u00f1as ruteras y de cuan similar era el interior de su coche a un boliche cumbiero, pero esta vez, estaba contento porque dem\u00e1s, faltando poco para llegar, repet\u00eda constantemente: \u201c\u00a1\u00a1Lo puse en 4 hora, vo\u2019!! \u00a1\u00a1En-4-ho-ra-vo\u00b4!!\u201d, refiri\u00e9ndose al tiempo empleado de Corrientes a Derqui. Tan contento estaba, que festej\u00f3 por anticipado, aumentando poderosamente el volumen de sus cumbias villeras, core\u00e1ndolas intensamente, separando el brazo derecho del volante y empujando su mano de forma incesante para adelante y para atr\u00e1s, para adelante y para atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl loba\u201d se hab\u00eda criado en Jos\u00e9 C. Paz, pero hab\u00eda nacido en Corrientes y, curiosamente, renegaba del Chamam\u00e9, que seg\u00fan \u00e9l era m\u00fasica para viejos. Es entonces que voltea de repente y suelta el volante y les dice emocionado agitando el pu\u00f1o cerrado con los dedos pulgar e \u00edndice abiertos debajo del ment\u00f3n: \u201c\u00a1Eeeesta es m\u00fa&#8230;!\u201d\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1El auto rueda, rueda y rueda violentamente por el aire, convirti\u00e9ndose en un trompo asesino, los vidrios estallan en granizo acuchillante, el cap\u00f3, el techo, la puerta, el techo, las ruedas, la puerta, todo relincha como un cerdo en faena! Adri\u00e1n sale despedido, las ruedas solo giran al aire\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>La cumbia en el auto de \u201cEl Loba\u201d era tan alta que no se percat\u00f3 de la alarma de un cami\u00f3n que sal\u00eda en retroceso, y de su acoplado se desprende un ca\u00f1o maestro a la ruta e intercepta las ruedas delanteras del auto deteni\u00e9ndolo, de forma abrupta, y ocasionando el impresionante vuelco.<\/p>\n\n\n\n<p>Adri\u00e1n en el suelo, lejos del auto, ve pasar todas las fotos imaginarias de todos los \u00e1lbumes de su vida y a 30 por segundo, hasta que se detiene en una en la que Soe, a lo lejos, lo mira con la boca en forma de \u201cU\u201d como pidi\u00e9ndole que la alcanzara y as\u00ed ganarse un beso. Entonces despierta estrepitosamente y esa imagen es la \u00fanica que conserva en la vigilia; pero desorientado y confundido por el accidente, hecha a correr para alcanzarla, aunque ella no aparece, \u00e9l sigue viendo esa imagen y corre, corre, corre y corre.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron d\u00edas y d\u00edas, noches, madrugadas, amaneceres y persist\u00eda corri\u00e9ndola al costado de la ruta, queri\u00e9ndola alcanzar, deseando tenerla cerca para ganarse el beso de su amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras los d\u00edas, las semanas, \u00e9l continuaba corriendo, obsesionado, esperanzado, enamorado, ensimismado, empecinado y tenaz. Obstinado, sobre la banquina verde amarillada del sendero que conduce a Ruta 8, sigue busc\u00e1ndola, queri\u00e9ndola, alcanz\u00e1ndola y alej\u00e1ndose a la vez. Sinti\u00e9ndola, oli\u00e9ndola como a nafta, como cuando se retrataban en los coches. Pero ella, en nuestro mundo tal y como lo conocemos, ya no estaba, hab\u00eda partido, sus melod\u00edas de hornero verde vidrio se transformaron en solos en los corales de los \u00e1ngeles celestes. Era ahora, solo memoria en el entusiasta corredor Adri\u00e1n, el olor, m\u00e1s le hac\u00eda creer que ella estaba cerca; pero ese aroma empecinado era el propio de la ruta que los autos desped\u00edan a su paso.<\/p>\n\n\n\n<p>Los d\u00edas de su Giga Marat\u00f3n fueron tantos que los conductores lo comenzaron a apodar \u201cEl loco que corre sin sentido\u201d. A todos le llamaba la atenci\u00f3n que corriera sin parar por tanto tiempo y por el mismo lugar; aunque por ese camino es habitual que la gente est\u00e9 corriendo, entrenando, caminando o pedaleando para ir a trabajar, no a la manera de Adri\u00e1n. Poco a poco el verlo correr se fue naturalizando y la gente se comenz\u00f3 a acostumbrar.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta que una tarde de verano, a la hora que todos vuelven, justo antes de la primera estrella blanca, en la foto imaginaria de Soe, \u00a1titila una luci\u00e9rnaga! Adri\u00e1n se estremece y acelera, son dos luci\u00e9rnagas, y su coraz\u00f3n palpita fren\u00e9ticamente, tres, cuatro, diez, veinte y Soe parece m\u00e1s linda que nunca, tan iluminada como si su rostro estuviera en una gigantograf\u00eda en la ruta Panamericana. Adri\u00e1n se desespera, sabe que tocarla es cuesti\u00f3n de milisegundos, pero el rostro de Soe se esfuma entre la nube de luci\u00e9rnagas, conmovido sigue corriendo para acercarse, y la nube en el aire se transforma en una gran espiral est\u00e1tica, todas las lucecitas verdes giran alrededor de un solo punto, indican algo, algo que para \u00e9l es extraordinariamente importante, corre m\u00e1s y m\u00e1s r\u00e1pido. A los 15 metros, descubre cu\u00e1l es el punto que las fosforescentes le indican, sus ojos son dos luces de cami\u00f3n, quiere llorar pero no puede porque sus l\u00e1grimas se le atragantan y secan por el viento generado en su corrida, se desespera a\u00fan m\u00e1s, quiere explotar, casi enloquece y en un envi\u00f3n kamikaze \u00a1salta a la ruta atrapando ese punto!&nbsp; Ese punto\u2026 Ese punto era\u2026 el b\u00faho de Soe.<\/p>\n\n\n\n<p>Los autos enfurecidos lo bocinean punzante e insistentemente, queriendo devolverle a Adri\u00e1n el susto que les hizo pasar;\u00a0 pero como si fueran hechizados, o si el Turco Badul marcara el \u00faltimo tiempo de un tango, todos clavaron sus frenos a la vez y ninguno result\u00f3 herido, pero s\u00ed helados por la brisa fr\u00eda de la muerte cercana.<\/p>\n\n\n\n<p>Y Adri\u00e1n ajeno a la conmoci\u00f3n rutera, salta inquieto, con un pie y con el otro adentro y afuera de la ruta, sonriendo sin parar y festejando consigo mismo al encontrar el amuleto de su fotog\u00e9nica. Sinti\u00f3 en ese momento todo el cansancio que tra\u00eda consigo, toda la angustia que pesaba en su pecho, todo el sudor derramado y que no hab\u00eda notado antes, pero estaba \u00a1tan feliz! que no le import\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Las bocinas se silencian y ahora lo \u00fanico que se oye son aplausos, silbidos, festejos, alivio y alegr\u00eda por doquier. Adri\u00e1n salta a\u00fan m\u00e1s, lo celebran, lo alientan, le sonr\u00eden, se alegra m\u00e1s porque piensa que el resto sabe de su hallazgo; como una flecha certera a la cintura se lanza una joven mujer a abrazarlo fuertemente, lo aprieta como una tenaza humana, \u00e9l no entiende nada y detr\u00e1s se acercan m\u00e1s personas.<\/p>\n\n\n\n<p>Accidentalmente o no, \u00bfqui\u00e9n sabe?, su salto le salv\u00f3 la vida al hijo de la madre joven, que lo corr\u00eda&nbsp; desesperada por una calle adentrada a un barrio y a la vez cruzaba la ruta, al ni\u00f1o le divert\u00eda escaparse de su madre y m\u00e1s cuando paseaban en bicicleta, pero esta vez el susto se lo dio tambi\u00e9n \u00e9l, que faltando poco para cruzarla quiso frenar y los cables de los frenos se le cortan, por lo que la madre entra en p\u00e1nico al notar el intensivo tr\u00e1fico; faltando poqu\u00edsimos metros de pronto todo se detiene y su hijo&nbsp; cruza ileso sin explicaci\u00f3n posible, para ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el chico una vez a salvo, conocen la raz\u00f3n de la detenci\u00f3n del tr\u00e1nsito y se acercan a Adri\u00e1n con otros vecinos, que hab\u00edan observado acompa\u00f1ando la desesperaci\u00f3n de la madre por la intr\u00e9pida travesura del hijo y que para los espectadores era un inminente accidente.<\/p>\n\n\n\n<p>Las luci\u00e9rnagas desaparecen, la noche cae\u2026&nbsp;&nbsp;&nbsp; Adri\u00e1n tiene m\u00e1s que un amuleto.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde ese crep\u00fasculo la ruta ya no fue igual nunca jam\u00e1s, los transe\u00fantes y los conductores tuvieron algo m\u00e1s que un \u201cloco corredor\u201d. Hab\u00eda nacido \u201cEl guardi\u00e1n de los caminos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta el d\u00eda de hoy se lo ve en su custodio recorrido, corriendo, caminando y ahora saltando s\u00fabitamente a la ruta tambi\u00e9n, pero ya se sabe que ese salto es una advertencia para los imprudentes, entonces aminoran su marcha, asegur\u00e1ndose entre todos un tranquilo retorno a casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Para todos Adri\u00e1n es \u201cEl guardi\u00e1n de los caminos\u201d, pero algunos supersticiosos aseguran que han escuchado como los p\u00e1jaros adornan su trinar cuando lo avistan y otros que han visto como los perros se alinean cuando pasa, atribuy\u00e9ndole por esto, poderes que nosotros no podr\u00edamos entender ni comprender sino mitol\u00f3gicamente y entonces, para algunos pocos en consecuencia, se ha convertido en: <strong>\u201cEl Avatar derquino\u201d<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La leyenda de \u201cEl Avatar Derquino\u201d Por Eric Le-Quesne Adri\u00e1n Grada y Soe Sol eran dos j\u00f3venes muy enamorados. 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