UNA NAVIDAD DISTINTA


Nada es casual

Después de que se suspendiera debido a la intensa lluvia que cayó sobre la ciudad, finalmente se hizo la caravana solidaria que llevó alegría a cientos de niñas y niños. A continuación, una mirada desde adentro.


>Por Ileana Grosso*

Nada es casual. Si no lo creés mirá en sus ojos y vas a ver los tuyos, los míos y la magia en el aire que nos transporta hacia otro mundo. Por favor, sigamos sumergidos.

Porque los primeros pasos, los más difíciles, ya dejaron las huellas para que nos sigan todos los que quieran caminar por un sendero que nos invita a mirar observando, oír escuchando, hablar de eso que no se dice, escribir sobre lo que no se escucha. Y a dejar de querer ser y sólo empezar a serlo.

¿Cómo explicar una sensación?

No quiero dejar de plasmar en un papel, todas estas cosas que resumieron en dos días muchos pensamientos. Quiero evitar el olvido, que se deformen los recuerdos.

La lluvia me explicó que hay que saber esperar, la noche me preparó para el comienzo de un día lleno de señales.

A veces una mínima distracción te puede hacer errar, pero esta vez sólo me dejé llevar por el tiempo. Como si fuera un viaje y mi cuerpo la valija, me preparé para salir.

En mi cabeza… inseguridad y miedo; pero siempre estuve preparada para salir.

Y cuando llegué, no tuve un momento para detenerme a pensar.
¿Qué raro no? Cómo se hace para no pensar, si siempre estamos pensando.

-No, sabés que no.

Fue la prueba más clara, no tuve tiempo de pensar porque sólo estaba sintiendo.

La inocencia, la crudeza de la sinceridad, los espejos que no existen, la risa sin razón, las palabras sin justificación y el sí porque sí.

Estrellas, lunas, mariposas, esperanza y sorpresa. ¡¡Qué palabras tan reales!! Tan escuchadas pero… yo las vi en sus caras pintadas de rojo.

Me olvidaba, en el medio del barullo se me acerca uno de ellos y me pregunta:

-¿Cuándo viene aquel hombre?

Los que estamos acá abajo, curtidos por la madurez que nos nombró “grandes”, ya no lo esperamos. Pero cuando le dije: “Está llegando”, me di cuenta de que yo también lo esperaba.

Ahora sí que no tengo una palabra que describa ese momento, pero creo que sería en vano, porque hay cosas que sólo se viven.

Después de eso entendí para qué estaba yo ahí.

Nada es casual. Vi muchos rostros, digamos ¿quinientos?

No puedo dejar de decir que por mi piel pasó la tristeza, la impotencia y la bronca, pero prefiero no pensar y empezar a ser.

Al regreso de este maravilloso viaje me encontré de nuevo recargada de sensaciones.

Al final de la jornada, un poco de baile, alegría, todos habíamos sido recargados, no hacía falta decir nada. La noche se apagó con un beso esperado, un abrazo eterno y el choque de dos planetas.

*Vecina de Pilar y miembro del ejército de Papá Noel.