A los 92 años, Antonia Jurjevcic recuerda su llegada a Derqui en el año 1948. Madre de cinco hijos, abuela de 15 nietos y 17 bisnietos, es la última eslovena.
Nació en un pueblito de Eslovenia
en el año 1917.
“Después unieron Serbia,
Eslovenia y Croacia, y conformaron
lo que fue Yugoslavia”, cuenta con
vos pausada en el jardín de su casa
Antonia.
Luego, en el año 1948, tras 18 días
de barco, con dos hijos y su esposo
José, llegaron a Argentina.
“Nos vinimos para mantener la
cabeza en nuestro cuerpo, allá se
venía la matanza”, confiesa.
Acá les dio la bienvenida el famoso
Hotel de los Inmigrantes, donde
permanecieron poco más de un mes,
hasta que fueron recibidos por la
familia Gabelli en un pueblo desconocido
de donde nunca más se fue,
Presidente Derqui.
“Y también nos hospedamos en lo
de Stumberger, hasta que la familia Rosso nos dio trabajo y casa, muy
buena gente, no tengo palabras para
agradecer a Angélica, Aída y todos
ellos”, dice con gratitud.
Después de tres años de sacrificio,
se pudieron comprar dos terrenos en
el barrio Cascote, esquina Tucumán
e Irigoyen, cuando no había casi
ninguna casa y el silencio de la siesta
atravesaba distancias y destierros.
“Nos mudamos el 30 de agosto de
1951, día de Santa Rosa”, recuerda
con precisión, a los 92 años.
Madre de cinco hijas e hijos, Metoda,
Cirilo, María, Estanislao y José,
una de sus nietas, Alejandra, tuvo la
posibilidad de ir a conocer su pueblo
natal. “Toda mi vida tuve ganas de
hacerlo, hasta que el año pasado
viajamos a España por trabajo y
pudimos hacernos una escapada a
Eslovenia, donde conocí su pueblito
y su casa”, dice la nieta, presente en
la entrevista. “Siempre escuchamos
la historia de cómo se fueron y todo
lo que sufrieron al estar lejos de su
tierra, y recién ahora nos damos
cuenta por qué son así, trabajando
duro, luchando día a día, mirando
siempre para adelante”, comparte
con orgullo.
Arar la quinta, formar una familia
y salir a flote en un país lejano, sin
conocer siquiera el idioma y las costumbres
del lugar.
“Ese Tilo lo planté yo”, señala
Antonia hacia el cielo, donde el árbol
extiende sus ramas llenas de hojas.
-¿Qué les diría a los jóvenes de hoy?
-Yo podría decir a los jóvenes
que trabajar es un juego, que no
te cansa, estar en la casa con la
familia, cuidar a los chicos, eso
es la vida.
-¿Qué le parece Derqui?
-Gente buena, linda, me acostumbré
acá, antes no había tantas casas,
ahora es una ciudad grandota.
El legado de los mayores, la sabiduría
que sólo los años brindan.
Palabras simples y sentimientos que
son las raíces de nuestra identidad.
Gracias Pablo Riera por gestionar
semejante nota con tu abuela.
Fortaleza y ternura, se conjugan en
la mirada de una mujer.