Pedro Tapia (85) fue portero de la Escuela Nº 11 durante 25 años, también trabajó en la panadería de Palpacelli y la sodería de Raspo y Ringius. Hace 63 años que está casado con Aidé Reyes.
Siempre es grato entrevistar a
aquellos que forman parte de
las raíces de esta ciudad, vecinas
y vecinos con setenta, ochenta
años de vida en Derqui.
Sus testimonios son verdaderos
legados de experiencia y amor al
pueblo.
Tal es el caso de Don Tapia, mejor
conocido como el portero de la
Escuela Nº 11, institución educativa
madre de esta comunidad.
“Yo siempre fui muy correcto con
la educación, en mi familia nunca
me gustó que los chicos le contestaran
mal a su madre, en el colegio
siempre cuidé sus instalaciones, baños,
aulas, todo, con los chicos también
fui un buen portero, si alguno
se hacía encima o se ensuciaba, yo
mismo los limpiaba y se los llevaba
a su madre en mi bicicleta, o si estaban
descompuestos se los llevaba
al Dr. Crespi”, arranca recordando
sus años en la portería.
“En los tiempos difíciles, me
llevé el busto de Eva Perón y lo
tuve escondido durante 20 años,
después cuando vino la democracia,
lo devolví, y ahora está colocado”, señala el hombre a
sus 85 años.
“Conozco la escuela desde que
la estaban haciendo, yo también
estudié en la 11, en el edificio que
estaba sobre la calle Toro, después
se mudó a la Av. de Mayo, cinco
tranvías había”, sonríe ante la mirada
atenta de su esposa.
-¿Cómo se conocieron con
Aidé?
-En el Club Unión, que estaba
en la esquina de Rivadavia y Av.
de Mayo-, responde él haciendo
referencia a lo que fuera el famoso
Salón de los espejos.
-Yo vivía en Moreno y mi familia
tenía unos amigos en Derqui, cuando
cumplí los 15 años nos casamos,
él tenía 22-, comenta ella.
-Después de hacer el servicio
militar y con una platita que tenía
ahorrada-, agrega él.
-Con 63 años de convivencia
encima ¿cómo hicieron?
-La verdad que nos soportamos
bastante-, responden entre risas.
-Nunca tuvimos problemas entre
nosotros, si hubo discusiones siempre
fueron por los demás miembros
de la familia, se miran y responden
parejo.
Padres de tres hijos, uno lamentablemente
fallecido, los dos
abuelos repasan los años en voz
alta y se vuelven a sorprender entre
anécdotas pasadas que los tuvieron
como protagonistas. Tangos, fox
trots, milongas, pasos dobles…
melodías que la memoria arrima al
relato, mientras la calle del viejo
barrio despide a dos de sus mejores
vecinos, que se mudan a Pilar para
estar más cerca de los hijos.
-¿Cuál es el secreto del matrimonio?
-La verdad que no le sé explicar-,
se excusa Don Tapia.
-Supongo que tratar de tolerarse-,
sostiene su compañera Aidé.
La voz de los mayores, un legado
para las nuevas generaciones que
venimos rescatando desde nuestra
fundación.