¿Para qué sirven las palabras? Para comunicarnos, expresarnos, entendernos, llegar a buen puerto. La palabra ayuda, alivia, acerca.
¿Para qué sirven los diarios, periódicos, revistas? Para informarnos, pensarnos, descubrirnos. Los periódicos sirven para reflexionar o envolver huevos.
Y nosotros, ¿para qué llegamos a Del Viso? Llegamos para contar las buenas nuevas de esta ciudad crecida, para poner en palabras los hechos y personas que enaltecen esta comarca.
Ustedes bien saben que nuestro mensuario no tiene una sección de policiales, por varias razones, entre ellas el dolor, la bronca, la tristeza que genera la miseria humana, las desigualdades y sus consecuencias.
Sin embrago, hace pocos días algo perturbó el corazón de muchos, dolió, fue una noticia que enlutó las calles de Del Viso y ocupó las tapas de varios medios colegas.
Un joven del barrio Los Cachorros, cayó muerto de un disparo en la nuca, supuestamente por hurtar/robar leña. Tenía 16 años. Es oportuno decir que su matador, vecino también del barrio, está preso. Tiene 65 y según informó la policía, en su comercio hallaron 5 armas de fuego, 2 legales y 3 no.
¿Cuántas armas tiene usted en su trabajo...?
Muchos comentarios desagradables, aborrecibles, despreciables, se hicieron al respecto de esta tristeza. Comentarios que desprecian la vida en su esencia más noble.
¿Para qué sirve la palabra, estimados lectores, amigos, vecinas y vecinos llenos de luz y esperanza?
Según el mismísimo comisario de la 7ma., que hace 4 meses ocupa ese cargo, éste es el primer hecho se sangre en sus 4 meses.
Del Viso se levanta en la mañana del día y es una apuesta al trabajo la vida acá, es una apuesta a la historia cada saludo en la vereda, es una apuesta a la vida cada esfuerzo de las organizaciones barriales que luchan por este lugar.
Con esto no quiero decir que está toooodo bien, hay calles de tierra, zanjas, faltan cloacas y agua corriente, y muchas cosas más.
Ahora bien, ¿es necesario repetir y repetir “Hay que matarlos a todos”?
¿Es necesario llenar de muerte nuestras palabras? ¿Reproducir en almacenes, supermercados, bares, esquinas, oficinas, una miseria que, si bien existe, no define a Del Viso?
Hay un nuevo muerto. Hay un nuevo asesino. ¿Quién ganó?
Víctor Hugo Koprivsek
Avanzan, sintiendo todo eso que se siente en el recorrido del trabajo a sus hogares o viceversa, mientras van a la obra, encienden sus autos y arrancan, o se montan en sus bicicletas o tienden la mano para parar el colectivo, o esperan en el andén el tren atrasado una vez más (porque este último mes es una vergüenza, una falta de respeto esa intención de causarle tanto malestar al usuario trabajador).
Pero ellas y ellos avanzan, entrando y saliendo del barrio, cruzando las calles de la infancia, de hoy y siempre. Construyendo, pero de verdad, sin metáforas, construyendo sus propias casas, levantando paredes, imaginando una ventana aquí, una salamandra allá.
A lo mejor la rueda gira muy rápido y no hay tiempo para detenerse debajo del alero familiar a dejar que la brisa fresca de este invierno despeine el cansancio. Pero, están edificando, cimientos son.
Están forjando sus propios destinos y siendo eso mismo que soñaron sus mayores.
De cuadra en cuadra, de pariente en amigo, van afianzándose en el sitio del crecimiento con lucha, del esfuerzo y el desvelo. Y el entusiasmo por supuesto.
Y si no, fíjense los corralones de materiales cada vez más grandes, los camiones que entran y salen, gigantes mastodontes que atascan el tráfico con paneles de ladrillos interminables y demoras sin chistar.
Presidente Derqui recrea un tiempo que infla el pecho y posiciona el trabajo por encima del miedo, un tiempo que despeja la calle para la cultura y la firmeza.
Defender con orgullo lo que somos.
Acá vivís, acá ganás el pan, acá caminás y el sol te busca.
Por eso es importante que todos alcen su voz, en supermercados y almacenes, para defender el barrio. Es importante que los amigos comerciantes, quienes apuestan día a día y le dan vida a la Av. de Mayo o Alfaro, a la estación y sus costados, también hagan oír su voz, que levanten la autoestima y hagan valer la ciudad.
Porque son cientos de camionetas y camiones los que entran por día cargados de mercaderías que luego comprarán los derquinos, juguetes para los locales de “Todo por dos pesos” o comercios para niños, y que estacionan en las calles principales, en horas pico, para descargar, llevarse la plata y seguir.
No son pocos los que trabajan y viven de esta ciudad y de su gente.
Por eso, y ya que no llegan las medidas decorosas, ya que no vienen con soluciones desde el municipio, ya que sólo llegan para cobrar multas o acorralar a comerciantes que dicen lo que piensan, es necesario que nosotros mismos, comencemos a darle importancia y hacer valer el barrio como una buena opción de trabajo.
Respeto. Es lo que piden cada vez con más fuerza los honestos, los que cumplen, los que toman en serio la tarea, profesionales, estudiantes, jóvenes, propietarios de emprendimientos que prestigian la ciudad; piden respeto.
Mientras tanto, la cultura avanza en las esquinas, avanza sin tregua para que todos sepan de qué madera estamos hechos.
A lo mejor es medio raro, pero en una película de lechuzas, llamada “Ga’hoole”, un Sabio Puercoespín, dice:
-Recuerden: cuando se sientan débiles, desanimados y crean que no pueden seguir volando… estarán a la mitad del camino.
Bienvenidos a El Apogeo de Derqui… ¡Hacía falta!
Víctor Hugo Koprivsek