Ernesto Rubén Alpiggiani nació en Presidente Derqui el 11 de octubre de 1935, en la casa que se encuentra al lado de la actual Sede del Club Unión, sobre Rivadavia. Es padre de dos hijos, Ignacio (33) y Romina (27).
Cursó sus estudios primarios
en la Escuela Nº 11, en el
antiguo edificio que estaba
frente a Toro, y el secundario lo hizo
en la vecina ciudad de San Miguel.
“Llegué hasta 3er año en el Instituto
Delía, íbamos tres de Derqui y el único
que terminó 5to año fue Esmael Geder,
había Comercial y Nacional, nosotros
hicimos Comercial; íbamos en tren,
$ 3.95 valía el boleto mensual, año
47”, lanza.
Toda su infancia la pasó frente a la
gloriosa cancha de fútbol del Unión,
ya desaparecida, donde se disputaron
partidos memorables.
“Mi padre nació en Derqui en
1894, se llamaba Carlos y fue durante
muchos años el único sastre del pueblo,
mis abuelos genoveses llegaron a la
Argentina cerca de 1885”.
Ernesto describe con precisión el
antiguo mapa del casco céntrico.
“Desde donde ahora está la sala de
primeros auxilios del centro, hasta la
estación, era todo quinta; nací acá,
me crié acá y me quedé, siempre
me gustó Derqui, ahora está muy
cambiado”, reflexiona.
Los hermanos Parra, Tabarez,
Buckotich, Paco Pedemonte… eran
tiempos de partidas de ajedrez y fútbol
y solteros contra casados, en fin, la
vida apaciguada de un pueblo con
fuertes raíces locales.
“En el 52 me asocié con una prima y pusimos una librería en mi casa vieja
a la vuelta de la Escuela 11, después
compré con Tito Velome y Julio
Palpacelli el fondo de comercio del
local que estaba frente a la estación,
que era de Siaccaluga padre, eso era
bar, despensa y heladería; en el año
65 compré la ferretería de la calle
Medrano”, describe su recorrido Don
Ernesto, quien desde hace varios años
reside en el barrio La Alborada.
-Hay una sabiduría que sólo los años
da, a los 76, ¿qué es lo más importante
en la vida Don Alpiggiani?
-Lo más importante es ser honesto
y tener la frente bien alta, con honestidad
te presentás en cualquier lado, tal
vez pasarás por tonto pero cuando te
acostás a la noche, dormís tranquilo,
así me enseñó mi padre.