Norberto Rossi (52), casado con María Gloria, dos hijos, Walter (31) y Matías (27). El más chico es un destacado piloto automovilístico.
En el comercio familiar
Distribuidora “Districla”,
sobre la calle Independencia,
Norberto Rossi comienza diciendo:
“Del Viso es lo máximo”.
Hizo los estudios primarios en la
Escuela N º 10, secundarios en San
Miguel y la facultad en Pacheco.
“Me recibí de Ingeniero Mecánico
cuando Matías tenía un mes de
vida”, evoca el padre del joven
piloto muy bien posicionado en el
Turismo Carretera.
“Mi padre, “Eddy” Rossi,
siempre tuvo negocio; falleció el
año pasado”, dice con nostalgia.
Criado en Del Viso junto a sus
hermanos, confiesa que siempre le
gustaron los kartings. Actualmente
fabrica chasis y tiene su equipo de
competición, llamado RedCar.
Haciendo un poco de historia
con respecto a la carrera de su hijo,
recuerda que cuando Matías era
chico jugaba al fútbol para el Club
Malvinas y, luego, para el Argentino.
“Hasta que un día mi hermano
compró un karting” sonríe.
Parece ser que Matías se subió y
al regreso le dijo:
-Papá, no juego más al fútbol.
Tenía apenas 7 años.
“Habían salido clasificados para
ir a jugar el mundialito en Bariloche,
una cosa linda para los chicos y no
quiso ir. -Yo quiero correr karting
papá-, me dijo”.
Y la fama de Matías como piloto
fue creciendo entre la gente del
barrio.
“Luis Caboret, bicicletero de
Tortuguitas, un día me dijo: –
Norberto, vení a verlo a Matías
porque va a ser cosa seria”.
Así descubrió el talento de su
hijo, que siendo apenas un niño ya debutaba como piloto.
A partir de ese momento, el apoyo
familiar fue absoluto.
“Para mí el momento de más
emoción fue cuando Matías corrió
el campeonato mundial en Bélgica:
130 pilotos de todo el mundo y
verlo ahí con la bandera Argentina
cuando tocaron el Himno, la verdad
que se me aflojaron las piernas.
Tenía 15 años”, refiere su papá.
“Había cada equipo allá, parecían
de Fórmula Uno, nosotros llegamos
humildes con los motorcitos al
hombro y Matías hizo un papel
decoroso”.
-Y en la familia, ¿son todos
fierreros?
-A todos nos gusta, tengo dos
sobrinos que también corren, Javier
y Daniel.
-¿Qué recuerdos guarda de su
infancia?
-Algo que me llama mucho la
atención: cuando íbamos al colegio
caminábamos por la zanja, arriba
de la escarcha, ya no se ven más
esos fríos.
Gente criada en esta localidad,
vecinos simples y cordiales que se
quedaron a formar sus hogares y
honrar el legado de los mayores.
“La verdad que yo no viviría en
otro lado”, sentencia al final de la
charla.