Un retumbar de golpes agita
la sangre de quienes vienen
llegando.
La calle late, la esquina desata su
temblor. Desde el fondo del tiempo
y las generaciones, vienen llegando.
Desandando los silencios de
tanto agachar la cabeza, erguidos
desde hace poco, apenas firmes
pero duros, despertando al barrio,
vienen llegando.
Sacudiendo tempestades para
que el cielo se abra, atravesando
penas para volver a empezar, porque
la alegría cuesta y cuesta la
risa cuando hubo tanta piedra caída
golpeándonos.
Derqui es el epicentro de una
historia que fascina y aturde, que
muerde y abraza, que quita el aliento
e inflama el pecho.
Antes de terminar el 2010, como
un trueno, hubo rostros hechos de
seriedad forjada a fuego, almas sedientas
del día nuevo, reclamando
el sol y la luz.
Y justicia. Justicia para calmar el
desamparo.
Hasta aquí llegaron familiares
de muertos caídos por la realidad,
hasta las puertas del mismísimo
cementerio de la ciudad, hasta la Av. de Mayo llegaron.
Víctimas del gatillo fácil y del
robo.
Desposeídos de la dicha por tanta
injusta bala de un lado y otro. Hasta
aquí llegaron, para alzar sus voces, para
denunciar su impotencia y dejarse caer.
Porque hay lágrimas que de pura herida
siguen abriendo surcos en el corazón.
Y entonces la tierra, que es madre,
la tierra abrasadora y silenciosa, cobijó
ese ruego ensombrecido. Yo lo vi, no
me lo contó nadie. Yo vi salir manos
de la tierra y acariciar el ruego de las
víctimas que quedaron.
Por eso en Derqui laten bombos crujientes,
bombos que advierten su pena
en furia, que humedecen el caminar de
los comunes quienes marcados por la
ausencia gritan su tristeza.
Y Derqui los abraza, no hay consuelo
para ellos, hay bombos latiendo
en las esquinas. Hay horas y días y
sudores de bombos retumbando en los
barrios populares, en los corazones del
vecindario con persianas bajas, con
calles tomadas por la gente.
Las ansias de quienes quieren un
tiempo distinto, se vuelven torbellinos
que le levantan polvaredas a
la muerte y construyen pura vida
retumbando en las veredas.
El vacío es grande para nosotros,
porque vemos actos de cobardía, de
acomodo personal, de condescendencia
sin descanso.
Pero laten bombos, retumban las
razones para que nazca una nueva
esperanza.
Porque esta navidad que pasó, la
ciudad celebró un nacimiento casi olvidado,
el del mismísimo Jesús, quien
partió la historia en dos más allá de los
argumentos.
Y ha de seguir celebrándose la luz
sobre las tinieblas, porque a esta hora
ya hay nuevos jóvenes que proyectan
alzar sus banderas profundas.
Linda satisfacción haber visto
repleta las instalaciones del Centro
Internacional de Convenciones en el
Cruce Derqui, donde se llevó a cabo
el Concierto de Navidad.
Lindo acompañamiento también,
haber caminado junto al Papá Noel
derquino por el barrio Toro, con
risas y regalos.
A continuación, una edición
distinta. Enero arranca el año con
todo lo que es, lo bueno, lo malo,
lo que duele y alegra.
Y así como el 2010 fue “El año de
los sueños cumplidos”, por deseo y
esperanza, decretamos que el 2011
será “El año de la educación”.
Porque hace falta.
Esto recién empieza y según parece,
no hay lugar para los tibios.
Periódico El Apogeo, veinticuatro
páginas poniendo todo de
nosotros para cambiar el prestigio
de la ciudad.
Acá nacimos, desde acá crecimos
y ahora vamos por más.
Feliz 2011 para todos, quedate
con nosotros.