Derqui nace, viene naciendo pibes
multitud, pibas de a montones.
Se juntan los padres de muchos
lados, llegan hasta la puerta del Materno
Infantil Hugo Cesar Meisner.
Ese hospital que está en la calle con
historia, la calle donde el tiempo en
cueros fue acuñando almacenes y
bares, donde de ida y vuelta anduvieron
juventud de libros o bolsito
al hombro, juventud que hoy se
convirtió en hombres y mujeres
de trenes y oficios, profesores,
maestros, metalúrgicos, operarios.
Calle de vecinas y abuelas con
sabidurías añejas y matrimonios
interminables.
Vaya sitio eligió el destino para
nacer niños a granel, Iparraguirre
entre Rivadavia y Moreno, a dos
cuadras y media de la estación.
Derqui enviste su destino atropellando,
no hay lugar para los tibios
en este futuro de razones por sembrar.
No hay lugar para la agravio a
la hora de seguir naciendo.
Porque ese hospital que se amontona
con gente sentada en las
veredas, comiendo su sanguchito
mientras espera el llanto recién
parido, también es una carta de
presentación.
Y vaya presentación llegar al
pueblo para que nazca el hijo de
uno, inolvidable.
Vaya presentación el momento
único de nacer aquí, de inscribir
con el sello indeleble de este lugar, una nueva vida vislumbrada.
Por eso el buen trato es prioridad
y bandera.
Hasta ahora el trabajo arduo se
hace y está bien. Está bien haber
llegado a donde se llegó: esfuerzo,
orden, cooperadora hecha de
corazón puro, de ayuda solidaria
avanzando.
Silvina Kudacki, linda suerte
contar con usted, saber del hombro
que puso y pone junto a tantas que
no se resignan a la vida fácil del
descanso.
También hemos visto al Director
Pablo Atchabahian, ganar el espacio
de la vida y tejer salud en un mundo
enfermo. Sabemos que no es fácil
el día a día ¿acaso es fácil erguirse
en la mañana hostil?
Sabemos que no, nada fácil. Por
eso la mano que se tiende de un pueblo
que supo tener a un grande de
maestro, el Dr. Fulco gigante, que
nos enseñó a respetar esa profesión
de andar sanando.
Porque acá, al que nos cuida se
lo respeta.
Por eso entendemos que el desafío
es grande. Como el agradecimiento
y la humildad. Por eso gracias.
Pero la ciudad retumba. Anda necesitando
buenos tratos, ni un solo
gesto que lastime al pobre o al rico,
al trabajador molido, y especialmente
al humilde sin Obra Social
ni pesos de más que aseguren un
obstetra en el momento del parto.
Límites sí, poner las cosas en su
lugar, sí. Pero con educación.
-Hay que estar, de afuera es fácil
hablar, dijo alguien.
Claro que sí, sin embargo el
respeto es indispensable en el momento
de parir.
No hay lugar para otra cosa cuando
la vida nace.
Y acá, en Presidente Derqui, está
naciendo la vida señorita o señora
Salomé.
La vida multitud, la vida abrasadora
y única. La vida madre,
esposa, hija.
La vida que no admite descuidos.
El Hospital Meisner es una carta
de presentación muy importante
para nuestra ciudad.
Vale la pena el esfuerzo.