El tiempo es un remolino de
viento que gira en el aire
llenando de chispas la oscuridad.
Y de esa danza de anhelos donde
se abrazan personas y sentimientos,
donde los corazones se mezclan y
los caminos se cruzan, nacen hijos,
herederos del legado que dejan profundos
padres y que se elevan en un
horizonte de banderas agitando la
palabra futuro, perpetuando cierta
infancia de baldíos, almacenes y
guitarreadas, que nunca se van del
todo, que siempre vuelven con más
fuerza cada vez.
Así llegamos a dos de las protagonistas
de esta foto, Ariana (27) y Marina
Velárdez (25). Ambas hermanas
criadas en Presidente Derqui.
Ariana, recién recibida de Traductora
Pública de Inglés, Marina, pronta
a recibirse de profesorado de Lengua
y Literatura.
Hijas de María Gauna y Delfor Velárdez,
más conocidos como la “Tía
Mary” y el “Tío Dick”, personajes
célebres de esta ciudad, referentes
indiscutibles de la cultura folclórica
y la bohemia estrepitosa hechas de
esquinas y bodegones, empanadas y
chacareras compartidas con fervor, a
la luz de la luna.
La vida avanza en la continuidad
del amor. Se eleva en el respeto con
que nacen y se crían los hermanos,
unidos para siempre, espectadores
del extraño universo de la cocina, las
noches de cuentos mágicos al calor de
las brasas cuando el aroma del guiso
portentoso envuelve el alma con que
se nutren los que duran.
Amor de hermanas que se ve
reflejado en el brillo de las miradas
atrapadas para siempre de estas dos
jóvenes derquinas, que celebran el
Un nuevo León para estas tierras
recorrido de sus vidas hasta aquí, esa
aventura que comenzó con sus nacimientos
y que continúa hasta a este
presente inexorable y cargado de
bellas sorpresas y grandes logros.
Patios, aulas, amistades, primos,
primas, peñas, trasnoches, libros,
repulgues, esquinas, casas, cuentos,
esfuerzos, risas, cumpleaños, proyectos,
una lista interminable de sucesos
hacen posible la celebración de otro
nacimiento, el de León Ignacio Galera,
tercer protagonista de la foto, hijo de Arita y Matías, para orgullo
de los abuelos.
Han de servir estas páginas para
mostrar los rostros de quienes aman
esta ciudad, rostros de quienes eligen
la vida aquí, de quienes alcanzan
metas de estudio, porque esta hoja
en blanco que también es un breve
pedazo de eternidad, tiene sentido
cuando presentamos el amor que se
comparte, la risa que une, la buena
gente que es también una carta de
presentación de Derqui.
Y así la familia se agranda hasta
convertirse en esa red fuerte y
resistente, que alivia cualquier
caída.
Vaya pues esta nota al cajón del
corazón, donde se guardan las cosas
que valen, porque un pedazo de tiempo
se ha escrito y mucho queda aún
por acontecer de la mano de ese pequeño
Leoncín, que aún no entiende
cómo fue que pasó, venir a dar con
semejante cuna, semejante pueblo y
semejante familia.