“Lo que hicieron por mi hija no tiene precio”

Gratitud

Hospicio “Buen Samaritano”, un lugar que se propone cuidar de manera cálida y profesional a personas con enfermedades avanzadas y sin recursos.

 

Una vida de lucha y sacrificio. María Ester Gutiérrez, 5 hijos, 4 varones y una mujer. Llegó de la Provincia de Misiones hace más de cuatro décadas al barrio Toro, 36 años de casada.

Ya en Derqui, primero trabajó de casera en una quinta de la zona hasta que pudo tener su casita propia.

“Es humilde pero es mía, la hice con esfuerzo después de que me separé hace 10 años”, dice con tristeza en la mirada.

“Mi hija Karina vivía conmigo, pegadita su casa a la mía, sólo con una pared de por medio; cuando ella se sentía mal le daba golpecitos y enseguida yo iba”, cuenta Doña María de 63 años.

Hoy sus hijos Víctor Hugo, Cristian Gabriel, Carlos Javier y Diego, no la dejan sola. Más de 8 nietos la visitan y le dan ánimo para seguir.

El año pasado la familia sufrió un duro golpe. Karina, quien además de hija fue su gran compañera, lamentablemente partió de este mundo víctima de un cáncer fulminante que se le despertó en el útero y con apenas 36 años le quitó la vida.

“Yo lo que quiero es agradecer profundamente a una gente muy especial para nosotros, a los médicos y enfermeras del Hospice Buen Samaritano”, se le llenan los ojos de lágrimas.

“La oncóloga de ella del hospital de Pilar nos ayudó mucho, nos daba medicamentos pero a lo último Karina estaba muy mal, directamente ya no podíamos las dos solas acá, los dolores eran muy fuertes y yo no podía manejar la morfina, entonces me derivó al Hospice”, refiere.

El lugar es un Centro de Día ubicado en la salida del Parque Industrial de Pilar, a metros de la Panamericana y el puente El Petrel, en la esquina de las calles Colibrí y Golondrina.

Allí, un equipo de trabajo formado por médicos, enfermeras, psicólogos y voluntarios brinda ayuda física, psíquica y espiritual a vecinas y vecinos en situación de enfermedad, y también a sus familiares.

“Una atención hermosa, una limpieza, a Karina la adoraban todos, le mostraban permanentemente su afecto, ahí ella encontró su paz, cada noche pido a Dios por cada una de las personas de ese lugar, lo que hicieron por mi hija no tiene precio”, asegura la vecina mientras cae la tarde en las periferias del barrio, detrás de las canchitas donde niños sin tiempo juegan y corren tras una pelota deshilachada.

“Mi hija tuvo felicidad ahí, dentro de su dolor fue feliz sus últimos días, la llenaron de cariño, siempre un regalito, un obsequio, ella quería comer algo y alguien le decía: ‘Bueno, mañana yo te traigo’; no te imaginás lo que era, y todo ad honoren, nosotros somos gente humilde que no hubiéramos podido pagar lo que ellos hicieron por Karina”, destaca Doña María.

Generosidad, vocación, amor al prójimo, compromiso y entrega, son los valores con que la vecina define a todos los que trabajan en el “Buen Samaritano”.

-No llores mamá por mí, ponete bien, cuidá nuestra casita-, siempre me decía mi hija.

Para quienes deseen colaborar con el lugar que ayudó a Karina, pueden comunicarse al 0230-4433758.

 

María en su casita del barrio Toro, acompañada por el retrato de su hija Karina. Quiso agradecer a la gente que la ayudó en los momentos más difíciles.
María en su casita del barrio Toro, acompañada por el retrato de su hija Karina. Quiso agradecer a la gente que la ayudó en los momentos más difíciles.

 

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