Apogeo de Derqui
Invierno
“… Ya tengo miedo del invierno frío y del otoño con sus hojas muertas, del viento hiriente que clava y hunde, como un puñal su gris canción de ausencia”.
Sin sol los días pasan. El barrio se guarece en la intimidad de las casas, hogar prendido, estufa, caloventor. Envueltos en las cobijas deshilachadas del tiempo, sombras y cuerpos tendidos en las noches, cruzan las esquinas sin piedad.
Es tarde, los trenes ruedan cansados en el crujir de vías. Durmientes y rieles se arriman al vaivén de la jornada. A poco de llegar, este invierno trae la premura de lo que aún no se logró.
Prisa que tirita en la desesperanza de tantos cuerpos sin techo ni canción.
Carita con moco, viejo desahucio de la otra cara de la moneda, lo que se cae de jeta sin protesto ni salida.
Y la fila interminable de obreros trabajadores de las fábricas, y las mujeres que arrastran un silencio de madrugadas con escarcha, y todo ese universo amontonándose en las estaciones a las 4 de la mañana, entre gritos de tortafritas y cafecitos entermados de pie sobre los andenes.
Es por el sol que falta, es por esa gris espera que las sombras y los fríos se pasean con tanto dolor, así de golpe, paisaje rancio abriendo compuertas del llanto, entumeciendo músculos, arrimando muertes a las tardes envejecidas por el clima.
Danos ese rayo, haz de luz y de calor entre las nubes, tibia caricia del más allá, ponchito de los pobres, sol de invierno. Danos ese abrazo gratis, esa recuperación de la esquina poblada de pibes y Doñas, con mandados y risas. Sol, Dios, Universo.
Fueron días escondidos, días y horas y semanas volando, con ventanas empañadas viendo pasar desde adentro lo que duele o la nada. La nada pasando por la calle vacía, barro roto, zanjón de oscuridad, manos de vidrio.
Si hasta los bombos dejaron de sonar, invierno gris que aún no llegás pero…
A veces cuesta el optimismo, cuesta la Fe, la perseverancia de los sueños, la gota que rebalsa vasos, la otra mejilla, el corazón pese a todo.
A veces cuesta concentrarse y descubrir dos manos, dos pies, ojos para ver, boca, palabras, posibilidades infinitas, agradecimientos gratis al alcance de cualquiera que bien merezca un buen refugio azul.
Aquí estamos, la buena nueva no se va ni se apaga, no se pierde como el silbido de un tren nocturno y lacerante. Es la chance y el color entre tus manos, la carta de presentación de un pueblo que se escribe solo.
Una francesa en Derqui, dos pibes del barrio en la televisión, el reclamo de agua, el pedido de cloacas, la cultura abriendo camino, contribuyendo a la visibilización de los acuerdos, la frase de la portada, la voz de los vecinos, la valiosa juventud y los anuncios que tal vez se conviertan en realidad, en obras frente a los ojos de miles.
Y el Avatar derquino y los auspiciantes y los Chicos Felices, las radios barriales, la música, el reggae, las firmas pidiendo asfalto. Fotos, notas, títulos, copetes, epígrafes.
Periódico El Apogeo, de Derqui, de Del Viso, de Pilar. El Apogeo de las islas y de la historia. La cima, la cumbre, lo más alto…
El 22 de junio en Integrarte habrá poesía, viernes de guiso literario. El 23 en Pilar Point, autores locales y “Los Libros y los Niños”. Y Bruno, Alexis, Yamila, la solidaridad, el pensarnos desde otro lugar, desde la acción concreta y satisfactoria de ayudar, tender puentes, sacudir y crecer, perdonar y seguir, mirar más allá del ombligo propio, recostarnos en la caravana que vendrá.
Un trato por el buen trato, una semilla que hay que soltar para que brote en libertad, en todos los rincones, veredas, escuelas, hospitales, dependencias municipales, plazas, calles, todo.
Que salga el sol, que no se vaya nunca ese calor que solo se iguala en dimensión, al abrazo de un hermano, la caricia de la amada, la voz del padre, la preocupación de la madre o la mirada del hijo.
Bienvenidos a las palabras que golpean una y otra vez, como piedrecitas, contra los fríos ventanales de este invierno que aún no llega, pero…
Victor Hugo Koprivsek
Apogeo de Del Viso
Pasan cosas
La ciudad de los pájaros vuela, se levanta en bandada de trinos, sacude esquinas por las tardes, convoca sueños, reparte saludos, abraza identidad, resuelve anhelos.
“Crece desde el pie, musiquita, crece desde el pie, uno dos y tres, derechita, crece desde el pie”, canta Alfredo Zitarrosa en la memoria de un tiempo azul.
Veredas con pibes, comercios multiplicados en el día de persianas levantadas, de escobas que barren. Instituciones que avanzan, gente organizando la faena, la ronda, el recreo de la siesta.
Poco a poco van llegando los que intentan. Poco a poco van levantando sus manos, aprobando continuidad, trabajo, esfuerzo, compromiso, barrio.
Movimiento de las personas que los fines de semana arreglan sus casitas, con arenas y ladrillos en sus puertas esperando el ímpetu del amor y la familia.
Y la estima grande al porvenir a pesar de los vaciadores y creadores del miedo, de quienes desde sus alturas con mármol y su oscuridad sacuden la confianza de los muchos.
“Crece la pared por hiladas, crece la pared, crece desde el pie amurallada, crece desde el pie”, convida la mañana.
Del Viso emprende, proyecta, se prolonga en la necesidad del encuentro, con la cultura por delante, el deporte y la amistad. Del Viso avisa su paso adentrándose en la historia, un semillero de pibes anda mirando desde la esquina, un puñado de pequeños anda ocupando la plaza y las calles, saliendo desde el asombro hacia la vida.
“Crecen los mejores amores, crecen desde el pie, para sus colores las flores crecen desde el pie”, no se calla la voz ni el pasado.
El ayer amasa querencias, raíz del pueblo, experiencia y ternura. Atrás los viejos personajes queribles esperan el oído atento de jóvenes.
Atrás el amor de muchos que levantaron clubes, escuelas, cooperadoras y hospitales; urgentes, ellas y ellos convidan a sentarse un rato para charlar del tiempo, para tender abrazos y puentes, respetos sumos.
“Crece desde el pueblo el futuro, crece desde el pie, ánima del rumbo seguro, crece desde el pie”.
Y nosotros acá, desde hace treinta y cuatro meses escribiéndolos, trabajando en equipo para llegar a su mesa y a sus manos. Desde Periódico El Apogeo agradecemos a nuestros queridos auspiciantes. Gracias.
Nosotros también vamos creciendo desde el pie. Apostamos a ustedes, lo mejor de esta ciudad. Llegamos para destacar las buenas obras, la buena gente que edifica futuro.
“Crece desde el pie la mañana, crece desde el pie, el sonido de la campana crece desde el pie”. Queda temblando en el alma la canción del tiempo.
Soñando y haciendo, avanzando hacia la calle con respeto y compañerismo, con unidad y pertenencia, avanzando hacia la vida.
Victor Hugo Koprivsek















