Una vinoteca que invita a recorrer las escenas del vino, degustar exclusivos varietales y despertar memorias olvidadas.
Dioniso (Baco en la mitología griega) tuvo un nacimiento inusual. Una versión de esta historia dice que su madre fue Sémele (hija de Cadmo), una mujer mortal, y su padre Zeus, el rey de los dioses. La esposa de Zeus, Hera, una diosa celosa y vanidosa, descubrió la aventura de su marido cuando Sémele estaba encinta. Con el aspecto de una anciana, Hera se ganó la amistad de Sémele, quien le confió que su marido era en realidad Zeus. Hera pretendió no creerlo y sembró las semillas de la duda en la mente de Sémele, quien, curiosa, pidió a Zeus que se revelara en toda su gloria como prueba de su divinidad. Aunque Zeus le rogó que no le pidiese eso, ella insistió y él terminó accediendo. Entonces se presentó ante Sémele con sus truenos, relámpagos y rayos y Sémele pereció carbonizada. Zeus logró rescatar al fetal Dioniso plantándolo en su muslo.
La leyenda cuenta que Zeus tomó al infante Dioniso y lo puso bajo la tutela de las ninfas de la lluvia de Nisa, que lo criaron en su infancia y niñez, y que por sus cuidados fueron recompensadas por Zeus con el ascenso entre las estrellas como las Híades.
Cuando Dioniso creció, descubrió la cultura del vino y la forma de extraer su precioso jugo. En un principio, se encontró con un frágil tallo de parra que introdujo en un huesecillo de pájaro. Tan a gusto se encontró el tallo, que siguió creciendo. Fue entonces cuando tuvo que trasplantarlo al interior de un hueso de león. Posteriormente, hubo de pasarlo a un hueso de asno, de mayor tamaño. Al tiempo, el tallo se convirtió en una parra y dio su fruto. Entonces descubrió Dioniso las propiedades de su zumo fermentado.
Hera hizo que se volviese loco y lo empujó a vagar por diversas partes de la tierra. En Frigia la diosa Cibeles, más conocida por los griegos como Rea, lo curó y le enseñó sus ritos religiosos, y así emprendió su recorrido por Asia enseñando a la gente el cultivo del vino.
“El vino es un producto vivo que evoluciona y tiene un ciclo. Late en continuo dinamismo, al igual que las escenas de tu vida. Nuestra idea es que cuando pruebes un vino, descubras sus aromas y te lleven a aquellas escenas que siguen vivas. Vos sos el protagonista y deseamos acompañarte en tu elección”, dice en la página web de la vinoteca.
La idea de abrir una vinoteca especializada en malbec y vinos boutique fue de María Laura Zapata; surgió a partir de distintos viajes a Mendoza, “me fui introduciendo en el mundo del vino y me fui apasionando de a poco. Este proyecto se hace realidad en julio con la colaboración de Alejandra que fue la que me dio la seguridad de embarcarme en este rubro. Alejandra es la persona encargada del local, es la que maneja toda la información de maridajes y condiciones del vino, ella estudió en la Escuela Argentina de Someliers”.
El psicodrama es un recurso terapéutico mediante el cual a través de las escenas y la dramatización las personas van resolviendo aquello que necesiten.
– ¿Por qué unir vino y psicodrama?
– Porque el vino es una bebida viva que tiene su evolución. Cuando descorchás un vino, hay un mundo de aromas y sabores que traen algún recuerdo, alguna escena, la casa de la abuela, el olor a mermelada. El vino evoluciona al igual que las escenas, por eso los invitamos a recorrer las escenas del vino, y si no aparecen los invitamos a tenerlas con nosotras en las degustaciones.
“La gente no sólo viene a comprar una botella de vino, la gente viene a aprender de vino y a compartir un momento en nuestro local. ¡La respuesta es excelente! Muchos están agradecidos porque un negocio de estas características lo encuentran únicamente en Palermo. Nosotros apostamos todo a este negocio”, agrega María Laura.
















