Islas Malvinas, prohibido olvidar

Centro de Veteranos de Guerra de Morón, un lugar de encuentro y memoria.

por Noelia Venier

Para la historia argentina, la Guerra de Malvinas duró 74 días. Para los protagonistas de la guerra y sus familiares, hasta el día de hoy. Es un recuerdo que sigue latente. Son miradas que no se olvidan. Son los días y las noches sin dormir y la presencia del compañero. Es el viento helado golpeando las manos lastimadas o el ruido de las olas contra el casco del barco. Es el sonido metálico del fusil. Mucho se ha escrito sobre Malvinas. Prefiero escucharlos, dejarlos contar a ellos, los verdaderos héroes, su historia.

Juan di Mario estuvo en el Crucero General Belgrano. “Me tocó hacer el servicio militar en Marina. Tenía 19 años. El Belgrano era un barco de guerra con muchas armas de fuego, podíamos llegar a tener un enfrentamiento, barco a barco, barco a avión. Con todos esos cañones, se tendría que haber plantado lo más cerca de la costa para repeler cualquier ataque. Así hubiese sido más efectiva su misión. Cuando comenzó el bombardeo, no entendía qué era. En la navegación anterior, en enero o febrero, uno de los generadores explotó, lo asocié con eso. Subí a cubierta y vi que el barco estaba ladeado, me di cuenta que algo había pasado. De la única manera que se podía salir era bajando las balsas salvavidas y metiéndonos adentro.”

“Éramos tres barcos en formación, el Belgrano, el Ara Piedrabuena y el Ara Bouchard. Una imagen que me quedó grabada fue ver cómo estos dos barcos, cuando comenzó el ataque al Belgrano, se iban. Pensé que nos venían a rescatar enseguida… En la incomodidad de la balsa, la tormenta, el frío, ahí uno empieza a acordarse de Dios, a creer y a rezar. Al otro día se calmó el mar. Al segundo día nos sobrevoló un avión. Esa misma noche vimos el mástil de un barco que se acercaba y al otro día ya nos rescataron. Volvió el Piedrabuena. Había momentos en que la balsa estaba como en la cresta de ola y por momentos estabas en un pozo y veías a los lados una muralla de agua. La juventud, las ganas de seguir para adelante… en ningún momento pensé que me iba a quedar ahí, siempre fui positivo.”

“Fuimos a Ushuaia. Estábamos muy mojados. Nos dieron ropa para estar secos. De ahí a Puerto Belgrano, comimos, nos duchamos. Nos dieron todo el equipo de nuevo y un franco de 15 días. Ahí terminó mi parte en la guerra. Volví a mi casa, me quedé unos días y regresé a Puerto Belgrano. Finalicé el servicio militar en la Esma.”

Miguel Antonio Piperno cumplió 20 años en Malvinas, el 25 de mayo. La guerra lo encontró trabajando, estudiando en el 5to año del industrial, jugando al fútbol. “El 9 de abril me convocaron, estaba en período de baja pero bajo juramento, y el 11 ya estaba en Malvinas. El primer sentimiento fue la alegría del encuentro con los otros compañeros. No había entusiasmo por la guerra. Me dieron uniforme, armamento. Si me preguntás si sabía usarlo, te digo que sí. De hecho, yo trabajé en la sala de armas así que me dieron uno de los mejores armamentos que tenía en tierra un soldado, y nuevo, porque los demás eran obsoletos, eran los que usábamos para instrucción y esos fueron los que utilizaron la gran mayoría de los soldados.”

“Mi compañía estaba en primera línea. Teníamos el mar enfrente. Cuidábamos que no desembarcaran por la playa, que había sido minada por una compañía de ingenieros. Comíamos bien, hacíamos fuego; parecía que estábamos de campamento. El primero de mayo a la madrugada fue el primer ataque aéreo al aeropuerto. Ese mismo primero, vemos en el horizonte tres manchitas, eran tres barcos, pensamos que eran de la Marina argentina. Cuando se pusieron en posición hacia el aeropuerto, nos dimos cuenta que no.”

“Esa noche no pararon de bombardear. Ahí te aferrás a Dios porque no podíamos hacer nada, los barcos estaban lejos. Rogábamos para que no nos cayera una bomba encima. Después del primero de mayo, empezó a escasear la comida y comenzaron otros tipos de problemas, los problemas internos. Íbamos a robar al pueblo. Al que lo agarraban, lo estaqueaban… a mí nunca me agarraron, por suerte. Hacían sacar la ropa y meterse a unos laguitos que llamábamos los ‘laguitos de los tormentos’. Pasaba en muchos lados de la isla. Hoy no los odio. Tenía mucha ira. Los suboficiales nuestros fueron los primeros que abandonaron la isla. Los vi llorar, tenían miedo.”

Blasa Reyes es la hermana de un caído, el soldado José Antonio Reyes Lobos. “Tenía 21 años. El año anterior, en marzo del ‘81, había muerto mi viejo. Él no tendría que haber hecho la colimba por manutención de la familia, porque era el hermano mayor. Como mi papá murió en Chile, mi madre tuvo que hacer muchos trámites, le llevó mucho tiempo. Entre esas idas y vueltas, preparó el legajo para pedir la baja de mi hermano. Faltaba una semana para que mi vieja volviera. Pero empezó la guerra y no llegó. Mi vieja, en un año, se quedó sin el marido y sin su hijo mayor, sola con cuatro hijos. Se enteró por la tele que estaban volviendo. Se fue en colectivo a buscarlo. Y cuando llegó a La Tablada, se enteró que había fallecido el ultimo día.”

“Nunca pensaron encontrarse con la resistencia argentina. Si bien no era un ejército formado, el valor de los pibes fue grande. Si no se hubiese hundido el Belgrano, la historia hubiera sido otra”, relata Blasa.

“Entre el 2004 y 2005 empezamos a cobrar un poco más de las pensiones porque resistimos, gracias al trabajo y los reclamos que hicimos para lograr el reconocimiento. Ahora estamos pidiendo por los años de abandono, del ‘82 al ‘91, casi diez años que nos ignoraron, nos abandonaron, sin tratamiento psicológico. Hubo 1000 suicidios pos guerra, más muertos que en la guerra. El Estado estuvo ausente, todos los que atravesamos una guerra necesitamos ayuda psicológica”, reflexiona Juan

Miguel confiesa que “después de varios días de bombardeos sucesivos, te vas acostumbrando, rezás… la inconsciencia de los 19 años no nos hacía darnos tanta cuenta de lo que estábamos viviendo. Cuando volvés, te cae la ficha, no quería ver a nadie, me encerraba en mi cuarto. Hasta que empecé a sociabilizar. Por eso la importancia del Centro. Somos todos iguales. Tenemos contención. Hacemos chistes. Nos encontramos con gente con la que podés hablar el mismo idioma. Hacemos trabajo social: chocolate para el Día del Niño, juntamos ropa para donaciones, apadrinamos a un equipo de fútbol femenino, damos charlas en las escuelas, actuamos en emergencias.”

“También, es una sede del Fines. La comisión que está funcionando este año es la que funcionaba en el Municipio y cuando se deshicieron de las comisiones, salieron los salvadores y ofrecieron este espacio”, agrega Blasa.

“Por otro lado, estamos haciendo un museo acá. Necesitamos la ayuda económica del Municipio, así podemos terminarlo este año”, concluye Juan.

“¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas? / En los libros aparecen los nombres de los reyes. / ¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra? / Y Babilonia, destruida tantas veces, ¿quién la volvió siempre a construir? / ¿A dónde fueron los albañiles la noche en que fue terminada la Muralla China? / La gran Roma está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió? / El joven Alejandro conquistó la India. ¿Él solo? / César derrotó a los galos. ¿No llevaba siquiera cocinero? / Felipe de España lloró cuando su flota fue hundida. ¿No lloró nadie más? / Federico II venció en la Guerra de los Siete Años. ¿Quién venció además de él? / Cada página una victoria. / ¿Quién cocinó el banquete de la victoria? / Cada diez años un gran hombre. / ¿Quién pagó los gastos? / Tantas historias. / Tantas preguntas.” (Bertolt Brecht, Preguntas de un obrero que lee.)

 

En la foto, de izquierda a derecha, Blasa Reyes, Miguel Antonio Piperno, Juan Miguel di Mario, Rafael Nicoletti y Hugo Humberto Carpio (hermana de un caído en las Islas Malvinas, José Antonio Reyes Lobos, y ex combatientes). El Centro de Veteranos de Guerra de Morón se encuentra en Quintana 462, teléfono 4629-4099.

 

Acto por el 2 de Abril en la Plaza de Morón.

 


“Porque un día ellos lo dieron todo, todos los días daremos honor a ellos”

El título de esta nota es una frase de Carlos Felizzolla, veterano de Malvinas y vecino de Pilar. Y es justamente en el vecino municipio donde existe un monumento a los héroes caídos, conocido como Cenotafio. El mismo es una réplica exacta del cementerio de Darwin con 649 cruces.

También cuenta con una réplica de la capilla Stella Marys de Puerto Argentino, una oficina de información, un salón de usos múltiples, helipuerto, lugares de descanso y recreación, instalaciones sanitarias y un complejo museográfico.

Declarado de interés municipal como lugar histórico, el Cenotafio es un espacio de participación, estímulo y recuperación de tradiciones, para niños, jóvenes y adultos de la localidad, de localidades cercanas y de otras provincias que lo visitan permanentemente.

El pasado 2 de abril, fecha histórica en el calendario del corazón, se llevó a cabo una actividad muy importante en el lugar situado en la Ruta 28, Km 5.

La instalación de un avión Hércules que participó en Malvinas para convertirse en un cine temático y un avión Mirage, ambos traídos en los últimos meses, llenó de emoción a los veteranos de Malvinas, anfitriones y guardianes del lugar, así como también a familiares presentes y todos los que se acercaron al acto por un nuevo aniversario de la gesta.

Un avión Mirage y un avión Hércules fueron trasladados desde la base aérea de Tandil al Cenotafio de Pilar. Los veteranos de Malvinas junto a familiares y comunidad conmemoraron un nuevo 2 de Abril recordando a los héroes caídos en la gesta.
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