Por Ceci Solache

El duelo es una mudanza forzada, una reubicación en un mundo que ya no tiene el mismo paisaje.
Es aprender a vivir con un agujero en el pecho, sin pretender llenarlo de inmediato, porque algunos vacíos no son para ser ocupados, sino para recordarnos que hubo algo grande ahí.
Y vaya que hubo algo grande.
Alejandro fue y será la persona más maravillosa que conocí. Integro, sencillo, hablaba más con sus hechos que con sus palabras.
Compasivo y de un corazón enorme.
Esposo único, padre ejemplar, docente fenomenal, músico extraordinario y un compañero de vida difícil de olvidar.
Ya son seis años de su ausencia y se siente como el primer día.
Ahora comprendo que nunca hay suficiente tiempo para vivir, pero que el poco que tenemos debemos aprovecharlo.
Y que siempre, siempre es tiempo de decir lo que sentimos a quienes amamos. Nunca es tarde y nunca es temprano para empezar a hacerlo, si aún estamos vivos.






