Alejandro Coronel (1973-2012)
Personajes entrañables
“Al final de este viaje en la vida quedará nuestro rastro invitando a vivir”. Homenaje de los alumnos al querido vecino y profesor.
Alejandro:
Muchos dirán que fuiste el mejor profesor del mundo, de eso no queda duda alguna; pero además de un gran profesor también fuiste muchas cosas más, entre ellas un gran amigo y un gran compañero de nosotros, tus alumnos que te escribimos para brindarte un humilde homenaje.
Como profesor todos tendremos un grato recuerdo tuyo, ¿sabés por qué? Porque eras de esos profesores que van a la escuela a enseñar, no sólo a trabajar.
Más allá de Historia y Geografía enseñabas modales, valores y cómo ser buenas personas, y eso a vos te hacía único.
Ayudabas mucho a los nuevos compañeros a integrarse al curso, haciéndoles contar su historia o chistes y eso pocos profesores lo hacían.
Algunas de tus frases van a quedar en el recuerdo de los alumnos que te tuvimos, por ejemplo: «Bailando por diciembre», «Tapate la boca por que te va a entrar un gorrión», «El amor no existe», «Faaar awayy», entre otras.
Enseñabas la historia desde un punto de vista muy específico porque para saber de historia primero la tenés que entender, no te importaba que sepamos las fechas exactas o nada por el estilo, preferías que sepamos cómo pasó, por qué pasó y en qué contexto.
Nosotros tus alumnos vamos a estar eternamente agradecidos por todo lo que hiciste para el colegio y por cada uno, no creemos que haya alguien al que no hayas ayudado, tanto con la nota como en lo personal.
Eras buen consejero y ayudabas mucho; si alguien tenía problemas, lo aconsejabas o le dabas una solución.
Cuando llegaba la época de diciembre, te ponías mal si alguien se llevaba la materia a marzo, hacías todo lo posible para que la rinda bien en diciembre, al punto que muchas veces te quedabas fuera del horario del colegio a explicar.
Una vez un chico no se iba a presentar a la mesa de exámenes y lo convenciste para que estudiase y fuera.
El colegio era como tu casa, estabas todo el día y te sentías bien ahí con nosotros, así nos dijo Claudia, tu hermana. También nos contó que en el último tiempo, cuando ya estabas enfermo, era uno de los pocos lugares donde te sentías bien.
No sé si nos querías tanto como nosotros a vos, pero se notaba que sí, por eso será que nos respetabas tanto.
Podemos decir que fuiste un excelente tipo, de esos que están al pie del cañón.
Fue un golpe muy duro cuando nos enteramos de que habías fallecido, todo el colegio sufrió y sufre tu pérdida, Ale.
Por eso decidimos hacerte este homenaje, para que todos sepan que eras una gran persona o si no como vos decías: «Sólo soy un triste profesor de Historia».
Te queremos mucho y te extrañamos a montones. Nosotros tus alumnos.
¡Qué descanses en paz! Un abrazo de gol.

Editorial
Propósito
Quien más quien menos todos vivimos. Y todos morimos. Las calles van y vienen, son rostros, colectivos, aulas, alumnos, almacenes, bares, noches de insomnio, familia, mamá…
¿Madre, dónde estás? ¿En qué esquina te vi por última vez llegando de las compras, saludando acá y allá repartida por el barrio?
¿Padre? ¿Sonríes? ¿Desde la foto con luna, sonríes padre?
¿Hermana?… ¿Estás orgullosa de mi? ¿Sientes mi amor desde el cielo claro donde jugábamos de niños?
Alejandro Coronel se fue, un rumor de trenes quedó temblando entre los rieles y las vías. Una canción, un peinado raro, un boliche junto a la barra, algo que el tiempo no logró tapar, un sobretodo. Algo infinito lo nombra.
Todos somos pibes de barrio, nadie pero ninguno es huérfano en Derqui, el lugar nos abraza, nos cobija. Es la manera de andar que nos define, las palabras urgentes, la intención, el impulso, las sombras, el día claro y multitud.
Hay pibes que no entienden cómo fue que pasó, tan así de golpe quedarse sin profesor de Historia de un recreo a otro, sin un amigo con quien contar.
Todos morimos, todos reímos, amamos, celebramos un gol, un campeonato. Fumamos un cigarrillo ensimismado para saber del veneno. Nos emborrachamos en la noche azul para después arrastrarnos hasta el regazo y así llorar.
También se fue Borsani, uno de ellos, raíz del pueblo, padre de aquel otro querido pibe del barrio.
Y partió sin ruido Doña Carmen, un día del cual no tengo noticias. Carmen la chaqueña, la que les daba de comer a cientos de abuelitos en el Comedor María Auxiliadora del barrio Monterrey donde hicimos talleres y el ejército de Papá Noel.
Y se fue la mamá de los hermanos esos que siempre están unidos, la mamá, la señora que además era portera del colegio del lub Derqui.
¿Qué es lo que queda después de esta aventura, este pasaje que es la vida? Hijos, libros, saludos, afectos, sueños, nietos, clases magistrales, risas, chistes, consejos.
Instantes y momentos, como la vez en que alguien estaba tirado junto al camino y entonces pasó Alejandro y lo vio. Y ese alguien era yo. Y sin decir nada cruzó mi brazo por detrás de su hombro y me levantó y me llevó y fuimos juntos paso a paso por la cuadra que bien nos conoce, hablando de grandes temas y trastabillando como cuando uno es joven y se llena de excesos y excusas. Y por ejemplo charlamos de cuando nuestros padres nos contaron que aprendieron a nadar en el arroyito Pinazo, y de la vez que Martín Karadagian llegó a Derqui, y nombramos al “Ancho” Rubén Peuchele. Después a “Niampo” y a “Pichuca”.
Porque si caminás por este barrio y venís herido, si la noche es propicia para la charla y la bohemia, siempre se terminan nombrando a esos, más con Alejandro de compañero, yunta brava. El “Gallego” Menéndez y la Media 2, “Aranjuez Bailable”, después también San Martín y el Chacho Peñaloza, el Che Guevara, la historia escrita para siempre, la historia que nunca morirá, como vos compañero de sueños, vecino.
Una vida con propósito es tener conciencia de la muerte y darse por completo, brindarse entero aun con las miserias, generoso en la amistad cuando te toque.
¿Dónde están los pibes? ¿Negro Rober, Gordo, Pela, Chupe, Chapy? ¿Dónde quedamos riendo, a la sombra de qué árbol bajo la siesta riendo a carcajadas?
¡¡¡Cuánto hace que no nos vemos!!!
El barrio nos mira siempre atento al horario de llegada, no vaya a ser que nos pase algo. Para eso está la esquina, para cuidarnos. Y cuando trastabillamos nunca falta algún vecino que nos cubra, así de puro barrio nomás, que nos defienda no sea cosa que nos pase algo.
También en esta edición especial hay muchas fotos de gentes que desfilaron bajo el sol de mediodía por la Avenida de Mayo acompañando a los héroes de Malvinas.
Y también está la historia de “Pepo” Montanari que ya ahorita nomás sale en la tele. Y un cuento sobre OVNIS, marcianos en la Ruta 8. Y el Avatar Derquino, ese otro héroe de barrio que supo ver Eric Le Quesne y Charly Ringius dibujar.
Perfil bajo y humildad, sabiduría enorme nos dejaste de pasada, Ale querido. Esta edición es para vos que alguna vez nos honraste con tu pluma.
Bienvenidos a El Apogeo de Derqui. Bienvenidos al desafío de vivir una vida con propósito. Si no… ¿para qué nacimos?
Víctor Hugo Koprivsek

















