Ayuda a refugiados

El mundo quedó mudo, sorprendido y dolido por la fotografía de un niño kurdo-sirio, de tres años de edad, llamado Aylan, encontrado ahogado en una playa de Turquìa.
¿Quién era ese niño? Pues, un refugiado. Pero, ¿qué significa que una persona tenga el carácter de refugiado?
La Convención de Ginebra que se refiere a ellos dice que un refugiado es una persona que “debido a fundados temores de ser perseguido por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de su país; o que careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores no quiera regresar a él”.
El niño huía de su país porque éste no le daba las garantías que tiene que tener todo ciudadano de vivir en libertad y tener la protección de sus derechos.
Tenía el derecho de solicitar asilo y gozar de las garantías de cualquier habitante.
Miles y miles de personas se encuentran en peligro y huyen, no para tener una vida mejor, como dijo un impertinente funcionario inglés, ¡sino para tener una vida!
El refugiado tiene el derecho a ser protegido por el país de asilo y éste tiene la obligación de no expulsarlo y, menos aún, de devolverlo a su país de origen.
Un inmigrante es una persona que, voluntariamente, desea, por diversos motivos, radicarse en otro país. Cuando esos motivos son persecutorios, entonces será un refugiado.
Los argentinos que se fueron en el 2000-2001 a España o Italia no eran refugiados sino emigrantes.
La recepción de unos u otros por países de acogida es un complicado problema político y social que no es fácil de resolver.
La repulsa al extranjero tiene diversos motivos, todos ellos de discriminación.
Pero los habitantes de cualquier país que hoy discrimina pueden, en el futuro, ser refugiados.
Siria era un país muy tranquilo y próspero hace cinco o seis años. Hoy está devastado y sus ciudadanos huyen desesperados buscando la acogida de otros países.
La Argentina siempre se ha caracterizado por ser un país abierto “para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”, como lo establece el Preámbulo de la Constitución Nacional y la idea de Juan Bautista Alberdi de que “gobernar es poblar”.
Millones de italianos, españoles, alemanes, rusos, turcos, portugueses, polacos, húngaros, bolivianos, paraguayos, uruguayos, chilenos, sirio-libaneses, judíos, senegaleses, etc., etc., han sido recibidos por la Argentina.
Por razones de guerra mundial, epidemias de cólera, situación económica desastrosa, etc., vinieron aquí y se quedaron.
Pero Europa ha demostrado que, en ciertos y determinados países, al extranjero no se lo quiere.
Podrán escribirse miles de palabras bonitas, se podrán componer infinidad de canciones alegres, se podrán firmar cientos de pactos universales de derechos humanos, protección a la vida, de no discriminación, pero a Aylan no le sirvieron de nada.

 

Por Dr. Andrés Rosso, Abogado

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miércoles, 18 febrero, 2026

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