
por Victor Koprivsek
Un nuevo mundial de fútbol alimenta una esperanza. Ciudad de potreros, de canchitas en baldíos.
Derqui tiene un solo camino de entrada y de salida. La Ruta 234.
La caravana de autos, camiones, colectivos y motos avanza y se detiene.
Avanza y se detiene.
En un tramo de la legendaria Av. Perón, entre el paso a nivel de entrada al casco céntrico y más allá del Barrio Las Lilas, un grupo de Amigos x Derqui colocó banderas al costado del camino.
Durante varios kilómetros flameó la celeste y blanca acompañando la ansiedad del primer partido del mundial.
Nos tocó caer.
«Que la gente confié, no los vamos a dejar tirados», dijo Messi. Y así será.
Ganar, perder, son cosas de la vida. La suerte, la pasión y el talento danzan juntas en la arena de los días.
El gol que llega y que no llega, defensa y contraataque, la alegría no se pierde por acá.
Un equipo de amigos tira siempre para el mismo lado, mientras el barrio observa. Y sonríe.
Derqui sabe de abrazos.
En la hora de la victoria y las otras.
Generación tras generación se va escribiendo «La historia de los intentos».
Porque acá, como canta el Indio Solari, flamean «banderas en mi corazón».
Ayer y hoy. Y siempre.















