Ola de asaltos a hogares y familias derquinas. Indiferencia vs. solidaridad.
Si tocan a uno de los tuyos, ¿qué haces? Si te despiertan con un revolver apuntando directo a tu cara, en tu casa, tu habitación, tu hogar. ¿Es posible acostumbrarse a eso, enterarse de que le pasó a un amigo o familiar y no decir nada?
“Después fui a la fiscalía de Pilar, quería que quede asentado que la comisaría de Monterrey no tiene teléfono, que no había móvil para traer al perito y el jefe de calle lo tuvo que ir a buscar con su auto particular, que no hay comunicación interna entre el comando y las comisarías; pero ya lo sabían.”
Así arranca el relato de Marcelo Calderón, vecino de Derqui de toda la vida, profe de folclore y querido referente de la cultura local quien sufrió un violento robo.
“A las 3:20 de la madrugada me desperté porque escuché ruidos en mi casa, mi suegra de 86 años estaba durmiendo abajo y mi señora en el hospital cuidando a su papá”, dice.
Por costumbre, agarra el celular de la mesa de luz y al encenderlo ve a un hombre apuntándolo con un arma.
“Una hora duró todo, me ataron las manos en la espalda, los pies, me taparon con una sábana y me golpearon con el revólver en la cabeza exigiendo que les diga dónde tenía la plata.”
La casa que Marcelo alquila es una vivienda común del Barrio Cascote, ubicada sobre Hipólito Yrigoyen a unas cuadras de la Media 2.
“Revolvieron todo, se llevaron mis ahorros, 32 mil pesos que estaba juntando para arreglar la camioneta que es mi fuente de trabajo, la netbook que me había comprado hace dos meses, tablet, Led 32´, DVD, plancha, planchita del pelo, celular, mi colección de ponchos, calzados de mi señora, hasta mis ojotas y todas mis remeras”, describe indignado.
Los ladrones saltaron la reja y al terminar se fueron caminando en dirección al campito por la calle Corrientes.
“Eran tres seguro, por lo que escuché a uno le decían Samurai. Cargaron todo en mi camioneta, las sillas de plástico, garrafas, mi bicicleta, pero no les arrancó y se fueron a pie.”
Cuando llegó el patrullero, con una chica y un muchacho, Marcelo les dijo para dónde habían ido y, según cuenta, “ellos agarraron para el otro lado”.
“Nunca volvieron a preguntarme nada. Estuve con la casa toda revuelta hasta el mediodía que llegó el perito. Obviamente que tipo 7 y media me fui a la comisaria de Monterrey, me atendieron por la ventana porque la puerta estaba rota.”
Es lógico que cualquiera quede traumado luego de atravesar una situación de este tipo. A los pocos días, además y para completar este panorama, lo llama su hijo Matías y le cuenta que le entraron a su bar, el Multiespacio Cultural Evolution ubicado frente a la plaza Teófilo Tolosa.
“Mi barrio era tranquilo. Ahora hay mucha impunidad. Los chorros se fueron caminando, imaginate. Encima por ahí vas al centro de Derqui y te para la gendarmería a vos. Acá tenés la policía local, la DDI, el Comando, el SAP y la gendarmería. Hay mucho y no hay nada.”
Es muy triste que tengamos que cambiar nuestra forma de vivir, las costumbres de barrio, los horarios, cerrar con candado o llave las rejas de afuera cada vez que salgamos a hacer unas compras.
Alejandro Dul, comerciante
El 26 de febrero a las 7:40 de la mañana, violentaron su auto estacionado en la puerta de su casa, Almafuerte casi esquina José Hernández, a unas cuadras de la casa de Calderón.
“Dos chorros, quedaron filmados; me robaron la netbook, el estéreo, un pendrive con música cristiana, un par de anteojos Orbital, un off y el perfume del auto. La verdad unos rastreros.”
La compu y el pendrive los usaba para animar las fiestas infantiles de la iglesia Nazareno.

Se van de Derqui por los robos
Marcela Colombo y Sergio Morel son dos jóvenes docentes que sufrieron un robo violento el viernes 17 de febrero, también en el barrio Monterrey.
Mismo modus operandi que el caso de Calderón. A las 3 de la mañana entraron tres chorros a su casa, donde estaban además su hija de 12 años y un bebé que recién está dando los primeros pasos.
«Yo soy de Derqui de toda la vida, trabajo acá, mis hijos estudian acá, pero tenemos mucho miedo de seguir viviendo en esta casa”, declaró a un medio amigo Marcela.
La dura decisión que tomó está familia de trabajadores, irse de Derqui a vivir a Tortuguitas, debería golpearnos a todos.
















