Bonn… ¡James Bonn!

Los hermanos Bonnesserre son propietarios de una de las ferreterías más completas de Haedo. Si te falta un tornillo, date una vuelta por Presidente Perón 1799 y conseguilo.

Los hermanos Bonnesserre, Daniel y Juan Carlos, criados en Castelar, actualmente viven en Ituzaingó. Empezaron con su local propio allá por el año 2004 y en Haedo. Ahí arrancaron su camino poniéndole ficha al laburo entre hermanos y fundaron Bonn, un comercio de venta por mayor y menor de artículos de ferretería y bulonería, a donde el cliente encuentra desde tornillos hasta piezas torneadas y metales listos para ensamblar.

“Tenía mi novia que vivía por acá y siempre me gustó esta parte de Haedo”, dice uno.

“Estudiamos en el Tomás Espora de Castelar y en el Industrial de Merlo”, cuentan con orgullo los muchachos con 41 y 43 años de edad.

“Acá la gente es muy amable, tipo pueblo, clientes de siempre, estamos a 10 cuadras de lo de mis viejos.”

Uno siente al barrio y el barrio lo siente a uno. Se da ese misterio de estar en casa y más en ellos, dos hermanos conviviendo día a día durante horas detrás del mostrador.

“Tratamos de dejar separado lo familiar de lo laboral”, ríen.

El resto del equipo va y viene atendiendo a los clientes.
– Se me rompió esto – dice uno y muestra una correa gastada.
– ¿Tenés una arandelita de este tamaño? – pregunta un señor de anteojos.
La calle gira, anda que anda. Por las mañanas el mate de mano en mano entibia las horas. Hace frío papá, vapor de esquina esperando hasta que abran.
Los hermanos Bonnesserre son padres de familia: Iván, Benjamín, Marcos y Martina, son sus hijos.

“Lo más copado de mi hermano es lo correcto que es, muy honesto”, dice el más chico con orgullo.

– ¿Cómo está la cosa? ¿Qué cambiarías?
– Cambiaría un poco el tema seguridad, nos robaron un par de veces, acá y también cuando teníamos el local enfrente.
– ¿Viste la película “Un cuento chino”?
– Tiene bastante de la ferretería, no lo de ponerse a contar tornillos pero sí otras cosas.
Hay risas al final de la entrevista. Hay escaleras y carretillas en la puerta, trompos de albañil. Adentro el universo se amplia con paredes repletas de llaves (de todas las medidas y marcas), destornilladores, pico de loro, alicates, pinzas, cajitas, mangueras, cables; todo lo que necesitás para trabajar además de la buena atención garantizada.
El mundo sigue girando, es tiempo de política, de campaña, en general el barrio sucede tranquilo, se estiran los atardeceres tempranos. Derechito a casa, sopita calentita, familia esperando. Los muchachos ríen, hay dignidad y hay escuela en laburo que hacen.

“Nos gusta Haedo, es una parte muy linda del Oeste”, cierran mientras arranca el día y los clientes siguen llegando.

por Víctor Koprivsek

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