En el medio de la romería de la estación de Morón y la placita La Roche, un puñado de pibes reparte comida y charla con gente en situación de calle.
Son todos desconocidos que en medio de un mundo en llamas se juntan miércoles y domingos 20:30 hs. en la esquina de San Martín y Brown, y desde allí se dirigen a la estación de Morón, Plaza La Roche, con el objetivo de repartir entre 50 y 70 platos de comida a gente en situación de calle.
Fideos con tuco, pollo con papas, choripanes, milanesas, un vaso de jugo, se mezclan con la palabra, las sonrisas, los juegos con los chicos, algo tan simple y complejo como prestarle un poco de atención a los marginados, los ignorados, aquellos sin más anhelo que pasar el día a día ensimismados.
Los trenes llegan y se van, la gente cruza por la estación, se reparte en los colectivos, rumbo a sus casas. Miles corriendo, sin mirar al costado como una plaga inmensa que devora con furia el paso del tiempo.
Son cuerpos sin rostro fluyendo de aquí para allá y en el medio del vaivén, a eso de las nueve de la noche los miércoles y, especialmente, los domingos, cuando las puertas de los trenes se abren y la marea crece desbordada, Gonzalo Santillán (23), Carolina López (21), Federico Consoli (23), Agustín Vera (20), Roxana Lenciaz (29), Nahuel Nieva (22), Agustina Faita (23), Santiago Di Matteo (22), Nicolás Greene (22), Ayelén Borello (23) y Yair Cohen Rua, aparecen para ponerle el cuerpo y el rostro a la solidaridad.
“La idea es compartir algo con la gente,” nos cuentan sin más, “son todos muy agradecidos y respetuosos. Además, formamos un grupo muy unido entre nosotros”.
De repente, de la nada, las personas se acercan a las escaleras de la estación: niños, adultos, madres con sus hijos, algún que otro pasajero del tren.
Un mundo invisibilizado empieza a girar alrededor de la olla, agitándose en la noche templada. Todo es amor, calidez y servicio. Los molinetes del andén se convierten en ocasionales mesas donde los comensales se mezclan entre sí para disfrutar de un buen plato de comida.
Gendarmes, vendedores de CDs, empleados de pancherías, viajeros que regresan de la jornada, miran y siguen. La vida sin amor es violenta. El amor es lo único que marca la diferencia en la rutina desenfrenada.
De fondo musicaliza la cena “No me arrepiento de este amor”, interpretado por Los Ángeles del Rock.
Todo sucede en 20 metros cuadrados, con una escalinata que hace de gradas populares para la fila de personas que se acercan.
“Este proyecto surge de Santiago, quien fue parte de una experiencia similar en Capital. Una noche decidimos hacer un rastrillaje por la zona de Morón con él, de la nada surgió llamar a Nahuel para que se sume y junto con Nicolás salimos los cuatro a caminar buscando gente en situación de calle”, repasa Yair Cohen Rua, sobre los comienzos del proyecto.
Después armaron el mapa de los lugares transitables, juntaron comida entre todos, compraron recipientes y empezaron a cocinar.
También crearon una fan page (Facebook Calles Solidarias) para tener comunicación con el exterior y así comenzar a recibir donaciones. Y por último, una vez seguros, decidieron sumar chicas a la organización.
“Nos dimos un tiempo para saber que íbamos a estar bien, sin mayores problemas de seguridad. Luego de esto fuimos progresando más y más, y con mucho esfuerzo y ayuda del gran equipo que logramos formar, pudimos crecer a pasos agigantados y sumar una recorrida en Ramos Mejía”, describe Yair.
Todos son jóvenes criados acá, ya sea Morón, Castelar, barrio San Juan e Ituzaingó, y que estudiaron en escuelas de la zona como los Colegios Inmaculada, Sagrado Corazón o Bunge.
Y todos están haciendo una carrera universitaria: Diseño Gráfico, Medicina, Despachante de Aduana, Administración de Empresas, Periodismo u Hotelería.
“Yo tengo un programa en Radio en Tránsito (93.9), se llama la Voz de Castelar”, dice Gonzalo.
Muchas veces la juventud es señalada y estigmatizada con el rótulo de inservible y buena para nada.
Este es un claro ejemplo de lo equivocada que puede estar una sociedad cuando los valores de los adultos se contaminan y, desde el descreimiento, generalizan, dañando y juzgando a quienes recién se lanzan a la vida llenos de sueños y esperanzas.
Valiosa juventud es la sección que mes a mes pone la lupa en la semilla fértil de Morón, sus pibas y pibes, su orgullo, sus sueños por cambiar un mundo que sin amor sería mucho más violento.
por Noelia Venier y Víctor Koprivsek















