De qué hablamos cuando hablamos de autismo

por María Almeida

Aunque todos los niños tienen derecho a la educación, muchas veces el solo hecho de ir a la escuela puede ser un desafío para las personas con autismo y la comunidad educativa (directivos, docentes, alumnos, familias) y ese derecho suele vulnerarse.

Por eso, mejorar el conocimiento sobre los Trastornos del Espectro Autista, formarse en estos temas y ser conscientes de los desafíos que las personas con autismo pasan todos los días, responder a sus necesidades, es fundamental. Conocer qué necesitan y cómo apoyarlos no sólo previene la exclusión escolar, sino también los ayuda a alcanzar su máximo potencial.

Es importante saber que muchas de las personas con autismo suelen tener disfunción sensorial, por lo que cosas como luces brillantes, compañeros gritando o el sonido del timbre, pueden ser estímulos abrumadores que desencadenan ansiedad extrema, entre otros.  Al igual que pueden tener dificultades para cambiar entre actividades o temas, lo que complica su capacidad para planear y ejecutar distintas tareas, estudiar para exámenes, entre otras cosas. 

Otro desafío es la comunicación social. La interacción es parte fundamental de cualquier experiencia educativa, pero para una persona con autismo es difícil distinguir cómo comportarse en el salón de clases o el recreo, así como saber si sus compañeros se están burlando, siendo sarcásticos u honestos. Esto puede causar que se sientan aislados o sean vistos como introvertidos si no participan o se mantienen al día.

Para las personas con autismo, la rutina y estructura son fundamentales. Establecer una rutina hace que se sientan seguros y, aunque la escuela, por su naturaleza, puede proveer estas rutinas y estructuras, es un entorno en el que también se experimentan muchos cambios.

Es tanto lo que “ir a la escuela» representa para una persona con autismo, que la capacitación constante por parte de los docentes, la empatía y el saber sobre autismo, por parte de la comunidad educativa toda, son la base fundamental para que la inclusión educativa sea real. Entendiendo que conocer las individualidades en el espectro autista es prioritario. Ninguna persona con autismo es igual a otra.

Uno de los mayores problemas que enfrentan las personas con autismo es que se les suele ver como “alumnos difíciles”, y eso muchas veces está relacionado con la desinformación.

Por eso, les comparto humildemente algunos “tips” que pueden sumar en este “aprender”:

  • Establecer una rutina: las personas con autismo necesitan estructura, por lo que tener una rutina predecible y estable baja su ansiedad. Crear un horario visual es una manera eficaz de hacerlo ya que le dará seguridad y le ayudará a ejercitar su memoria.
  • Tomar en cuenta su sensibilidad sensorial: las personas con autismo pueden tener reacciones intensas positivas o negativas a la estimulación sensorial, por lo que tener esto en cuenta y tratar de hacer el aula más amigable es esencial en estos casos. Para esto, es necesario observar y aprender cuáles son las sensibilidades individuales del alumno, ya que cada persona con TEA es diferente. Por ejemplo, si cierto sonido le causa angustia, tratar de evitar hacerlo.
  • Administrar cambios: aunque a veces las alteraciones son inevitables, prever y prepararlos para los cambios puede aliviar la situación. Por ejemplo, si van a tener una actividad en el patio, llevarlo con días de anticipación o mostrarle y darle fotos para que se familiarice con el espacio antes del cambio. Este tipo de actividades son de gran ayuda ya que le da la oportunidad de mentalizarse, adaptarse y no abrumarse.
  • Ser claros: algunas personas con autismo tienen dificultades para comunicarse e interpretar lo que otros dicen, es importante ser simples y directos. Se debe tener cuidado con la manera en que se expresa y evitar metáforas, preguntas retóricas u oraciones complicadas.
  • Integrar sus intereses: las personas dentro del espectro suelen formar intereses muy centrados, por lo que el maestro puede aprovechar sus gustos para impulsarlo a aprender y hacer sus tareas y actividades. Por ejemplo, si le interesan los dinosaurios, incluir imágenes o especies de ellos en los problemas de matemáticas o ejercicios de ortografía puede hacer una gran diferencia en su participación.
  • Incluir a los padres: los que mejor saben qué tipo de estímulos sensoriales, actitudes y gustos afectan al estudiante con autismo, son sus familiares. El padre, madre o tutor pueden aconsejar al maestro de cosas que funcionaron en casa, por ejemplo, o viceversa, el docente puede dar también consejos de qué actividades hacer o evitar. Hacer esto ayudará a que las familias se sientan más integradas y tranquilas con la educación de su hijo.
  • Desarrollar resiliencia: tener un alumno con autismo no es sencillo, por lo que es importante saber cómo mantener una mentalidad positiva en los días difíciles. Construir una relación con el alumno no es algo que sucede de la noche a la mañana, se necesita tiempo y dedicación. Ellos tienen una visión del mundo diferente y hay que tenerles paciencia. Entre más entienda al alumno, más sencillo será distinguir de dónde vienen sus actitudes.

Hoy hablamos de educación y autismo, y quiero decirte que, desde mi humilde lugar, todo lo que pueda compartir en este espacio, siempre será desde un lugar de mucho respeto e intentando hacer mi aporte en esta construcción de “un mundo en el que quepan todos los mundos” porque realmente creo que es posible.

Por eso… yo hablo de autismo, y vos?

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