De qué hablamos cuando hablamos de autismo

De a poco, como sociedad y después de 1 año y medio en pandemia, se intenta volver a “la normalidad”. Y en educación se está volviendo, de a poco, a las aulas.

por María Almeida

Si para cualquier persona esto es un proceso y conlleva desafíos, para las personas con autismo también. La diferencia radica en que, en su forma diversa de procesar el mundo que los rodea, de ver la realidad y de reaccionar a ella, las personas con autismo no suelen poder responder a esto, como los demás. Muchos de los chicos no pueden sostener ciertos protocolos COVID, como el uso de barbijo, las burbujas y presencialidad (una semana vas, tres no. Hoy vas, mañana no sé, entre otras). Por lo cual, no pueden ir a la presencialidad, en la escuela.

Por eso no tenemos que olvidar que, aunque nuestros hijos no estén presencialmente, siguen escolarizados necesitando el ejercicio real de su derecho a la educación, como cualquiera. Y de manera virtual o presencial, la real inclusión es un reto en todos los sentidos. No es fácil, requiere de esfuerzo continuado por parte de los docentes, obliga a recapacitar y a reflexionar sobre todo lo que se pensaba era correcto. Nos hace replantear casi todo lo que nos dijeron sobre técnicas educativas. No es simple.

La docencia es algo maravilloso, es quizás uno de los trabajos que más satisfacciones pueden dar a un profesional. Pero, a su vez, y aunque muchos no lo crean, es una profesión extremadamente difícil. El docente se enfrenta a diario a mil y un desafíos.

Como en cualquier otra profesión habrá excelentes, buenos, normales, mediocres y malos profesionales. Pero la docencia requiere de cierto nivel vocacional. Cuando hablamos de la inclusión educativa, el rol del docente es fundamental. Y aquí surge siempre, o en la mayoría de los casos, la misma pregunta: ¿cómo resuelvo el reto de unos alumnos a los que no entiendo y para los que nadie me formó? ¿Cómo hago para incluir a una persona con autismo?

Algunas cosas que está bueno que sepas, y que ojalá sumen;

  • La comunicación está fuertemente afectada, te podrás encontrar con personas con AUTISMO que hablen fluidamente, con ecolalias, que no hablen, porque como siempre decimos, si conocés a una persona con AUTISMO, conocés solo a esa persona con AUTISMO.
  • El autismo tiene un fuerte componente sensorial, cada niño puede ser distinto, pero será raro el niño con autismo que no presente algún tipo de desorden sensorial. Estos pueden ser auditivos (con hipersensibilidad), táctiles (no se dejan tocar), visuales, propioceptivos (problemas de percepción corporal) o vestibulares (inseguridad gravitacional). Y pueden presentarse de forma independiente o combinados.  Quizás no podamos resolverlos, para eso están los especialistas en integración sensorial, pero sí podemos hacer pequeños cambios en la rutina que nos ayuden un poco a mejorar el bienestar del niño.
  • Cada día adquiere más y más relevancia todo lo relacionado con la educación emocional, y obviamente, los alumnos con autismo no son una excepción. Un modelo educativo que contienda adecuadamente con los aspectos emocionales del alumno va a ser muy adecuado también para el alumno con autismo.
  • Conocer a la persona con AUTISMO siempre es la mejor opción, por eso es importantísimo poder conocerlo a través de quienes lo conocen como nadie: su familia. Poder tener una entrevista con ellos, y que puedan darte un perfil de tu alumno, te servirá para orientar tus prácticas educativas. Por ejemplo, si a tu alumno le gustan los dinosaurios, decorar el aula con dicha temática seguro sumará. O si sabés que los ruidos fuertes y gritos le hacen mal, trabajar con su compañeros y demás grupos, lo importante es no gritar, ni hacer ruidos innecesarios (arrastrar sillas, entrar a loa gritos del recreo, etc.).
  • Es fundamental, a partir de la premisa de que el alumno puede conseguirlo, que nunca pongamos límites, nunca pensemos que debido al autismo el alumno tiene unas limitaciones insalvables. Ya sea con niños pequeños o con adolescentes, siempre podrán dar más de lo que pensamos.

Es primordial nunca dejar de formarse, la formación continuada es básica. Se supone que esa formación debe darla el propio sistema educativo, hagan fuerza para que esto sea realidad. Si creen que uno de sus alumnos necesita determinados apoyos y no los tiene, y si nadie les está haciendo caso, sean honestos, díganselo a la familia, la familia puede tener mucha más fuerza en las exigencias de los apoyos que el propio docente. Fórmense, sean eternos buscadores de aprendizajes.  

Sé que no es fácil, que quizás sintamos que es imposible. Pero si algo aprendí es que “la única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá, hacia lo imposible.”

Un mundo en el que quepan todos los mundos es posible, si todos ponemos nuestra parte.

Yo hablo de autismo, ¿y vos?

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