Cuando sos familiar de una persona con autismo, hay muchos aprendizajes que el diagnóstico trae consigo.

Por María Almeida
Entre ellos, el de nos malgastar tu fuerza y energía. Aunque se hace difícil algunas veces, el día a día te hace entender que hay batallas que no tenés que pelear, porque no valen la pena.
Aprendés a mirar el vaso medio lleno, a disfrutar de las pequeñas cosas, a apreciar los pequeños grandes milagros de tu minuto a minuto.
Aquí un texto que resume en palabras lo que el diagnóstico de mis hijos me enseña a diario… que lo disfruten.
EL TAMAÑO DE TU DRAMA ES PROPORCIONAL AL TAMAÑO DE TU EGO.
Aprendo lentamente que no tengo que reaccionar a cualquier cosa que me moleste.
Aprendo lentamente que la energía necesaria para reaccionar a cada cosa “mala” que me sucede, me agota y me impide ver las otras cosas buenas de la vida.
Aprendo lentamente que no voy a ser el consuelo de todos y que no voy a poder llevar a todos a tratarme como quiero que me traten y no es para tanto.
Aprendo lentamente que tratar de “ganar” a cualquiera es solo una pérdida de tiempo, energía y que solo me llena de vacío.
Aprendo lentamente que no reaccionar no significa que esté de acuerdo con las cosas, simplemente significa que elijo elevarme por encima.
Elijo aprender la lección, me sirvió y aprendo de ella. Elijo ser la persona más grande.
Elijo mi tranquilidad mental porque eso es lo que realmente necesito.
No necesito más drama.
No necesito que la gente me haga sentir que no soy lo suficientemente buena.
No necesito peleas, argumentos y conexiones falsas.
Aprendo lentamente que a veces, no decir nada, lo dice todo.
Aprendo lentamente que reaccionar ante cosas que me molestan le dan poder a alguien sobre mí y sobre mis emociones.
No puedo controlar lo que hacen los demás, pero puedo elegir cómo reaccionar, cómo lo manejo, cómo lo percibo y cuánto de ello me lo tomo personal.
Aprendo lentamente que la mayor parte del tiempo, estas situaciones no dicen nada sobre mí y mucho sobre la otra persona.
Aprendo que todas estas decepciones están ahí para enseñarme a amarme y me servirá de escudo.
Aprendo que, aunque reaccione, no cambiará nada, no hará que la gente me quiera y me respete de repente, no cambiarán mágicamente sus mentes.
A veces es mejor dejar ir las cosas, dejar ir a la gente, no luchar por el cierre, no pedir explicaciones, no perseguir las respuestas y no esperar que la gente entienda desde donde tú lo ves.
Aprendo lentamente que la vida se vive mejor cuando no la centras en lo que pasa a tu alrededor y la centras más bien en lo que sucede dentro de ti.
Trabaja en ti mismo, en tu paz interior y te darás cuenta que no reaccionar a cada pequeña cosa que te molesta es el primer ingrediente para vivir una vida feliz y saludable.
Louise Hay & Wayne.
De eso se trata nuestra vida, de aprender… A veces me pregunto si hubiese aprendido igual, sin el diagnóstico de autismo en nuestras vidas. Nunca lo sabré… pero agradezco a diario que este andar me lleve a buscar caminos de paz, de disfrute, de valoración y esperanza. Caminos que me encuentren con personas repletas de empatía, respeto, amorosidad y, por sobre todas las cosas, apasionadamente imperfectas.
Gracias a ellas, a mis hijos, a ustedes… aprendo a ser, cada día, un poquito más feliz. Sabiendo que un mundo en el que quepan todos los mundos es posible si todos ponemos nuestra parte. Y que juntos podemos lograrlo. Yo hablo de autismo… ¿y vos?















