Raúl Velázquez se fue hace 10 años y se instaló en un pueblito de Misiones. Fue papá y volvió hace unos meses con su compañera Soledad y su hijo Atahualpa.

A sus 48 años Raúl vivió varias aventuras, primero en Derqui, donde arrancó a laburar de pibe. Los que pintan canas recordarán La Montevideana, una heladería donde se hacían los patys completos con pebete tostado más ricos del mundo, mucho antes que existiera Mc Donald.
También pasó por Video Mundo, la primera casa de alquiler de películas de Derqui; la panadería San Jorge y Free Time, una casa de indumentaria deportiva muy linda.
Y así Raúl siguió su camino siempre para adelante.
Hace un tiempo conoció Pueblo Ilia, un lugar alejado, en el monte misionero y se quedó 10 años. Pero ¿cómo llegó hasta ahí?
“Con Soledad, mi compañera, nos fuimos tras la huella de Ivonne Pierron, una monja francesa que vino en la misma comitiva junto con Alice Dumont y Leonel Duquet, ambas secuestradas y desaparecidas por la dictadura militar”, nos sorprendió.
“Así conocimos el albergue estudiantil que ella fundó, que tiene un bachillerato, una obra muy importante que dejó como un legado. Ivonne vino escapando del fascismo de la segunda guerra mundial donde perdió a toda su familia, cuando llegó a nuestro país y secuestraron a sus hermanas tuvo que exiliarse en México, después pasó por Nicaragua; una historia muy rica la de esa mujer que tuvimos el gusto de conocer”.
Dar testimonio en vida
“Con Soledad vivíamos en el albergue y un día nos llamó la atención unos chicos que hablaban brasileño, les preguntamos de dónde eran y nos dijeron de El Soberbio, un lugar increíble donde están los Saltos del Moconá”, ese fue el comienzo de una nueva aventura.
“Fuimos varias veces llevando ropa a una comunidad guaraní, pero nos gustó tanto que compramos un terreno de una hectárea y media muy cerca de ahí, y armamos un camping con dos cabañas”, repasa.
En resumidas cuentas, los días siguieron hasta que quedaron embarazados y nació Atahualpa. Fue entonces que decidieron volver a Derqui.
“Yo tengo a mi mamá en Derqui, quería que mi hijo la conozca y viceversa. Volvimos en febrero y acá estaremos hasta que el camino nos invite a seguir viajando, buscando un lugar tranquilo donde haya paz”.
-Y ¿cómo encontraste a Derqui?
-Hermoso, como siempre. Los mismos amigos, la misma idiosincrasia. Ojalá que nunca cambie Derqui.















