El 25 de marzo de 1911, en la ciudad de Nueva York, funcionaba una fábrica de camisas. Las costureras soportaban penosas condiciones de trabajo y muy bajos salarios. Pocos meses antes habían llevado a cabo una pequeña huelga de protesta, pero sin éxito.
En el noveno piso del edificio, ubicado en plena ciudad, trabajaban 240 mujeres hacinadas y con una única puerta de salida cerrada con llave para evitar el hurto de mercadería. Eran jóvenes de entre 13 y 23 años, inmigrantes de Europa del Este y de Italia.
Ya sea por una colilla de cigarrillo o el mal funcionamiento de un motor de una máquina de coser, se produjo un devastador incendio. Como consecuencia, alrededor de 146 mujeres murieron. Las que no pudieron escapar del edificio en llamas saltaron desde los pisos octavo, noveno y décimo a la calle.
El desastre en la fábrica originó importantes cambios legislativos en las normas de seguridad y fue el detonante de la lucha para mejorar las condiciones laborales de las trabajadoras textiles.
El incendio marcó la celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, después Día Internacional de la Mujer, proclamada por la ONU en 1975.
El 24 de abril de 2013, se produjo un derrumbe en Bangladesh de un edificio que albergaba varias fábricas textiles en las que unas 3000 personas habían sido obligadas a seguir trabajando, pese a que la policía había advertido un día antes de la existencia de grietas en las paredes. Esas personas son sometidas a agotadoras jornadas de trabajo y perciben un salario miserable (38 euros por mes, a razón de 0.32 centavos la hora). A las empresas de ropa le sale más barato elaborar productos en países donde el gasto que supone pagar a los trabajadores es mínimo. El costo de una camiseta que se vende a 20 euros es de 1,5 céntimos. En Bangladesh la industria textil da trabajo a tres millones de personas, la mayoría mujeres, y la ropa se destina a Europa y Estados Unidos.
Ciento dos años pasaron de este acontecimiento. ¿Qué cambió? Muchas mujeres dicen que establecer un día del año dedicado a la mujer es discriminatorio. ¿Acaso existe el día internacional del hombre?
Las ‘maquiladoras’ son fábricas que están situadas en ciudades mejicanas de la frontera con Estados Unidos, principalmente en Tijuana, Mexicali, Ciudad Juarez, Reynosa y Heroica Nogales. Estas compañías importan materiales sin pagar aranceles y su producto se comercializa en el país de origen de la materia prima. El capital suele ser íntegramente extranjero y, generalmente, las propietarias son compañías estadounidenses, japonesas, coreanas y de muchos otros países.
Este sistema les es útil porque la mano de obra mejicana es barata y competitiva. Las mujeres mejicanas trabajan para ganar aproximadamente una sexta parte de lo que se paga en Estados Unidos. La rotación de empleados es también alta, alcanzando hasta un 80 %, en parte debido a las amenazas de estrés y de salud comunes a este tipo de obra.
Las mujeres emigran desde las zonas rurales a zonas industrializadas, tienen un bajo nivel educativo y muy bajos salarios, viven en condiciones de pobreza y tienen escasa seguridad social. El personal ocupado, hace diez años atrás, por las máquilas mejicanas era de un millón trescientas mil personas. Las maquiladoras han creado a la ‘mujer desechable’ en el trabajo.
La explotación, la falta de educación, la extrema necesidad de trabajar para subsistir, el hacinamiento, la inexistencia de un futuro mejor, la desatención de las autoridades, las enfermedades y la total desprotección de sus derechos hacen que el 8 de marzo o cualquier otro día simbólico no haya nada que festejar.
por Dr. Andrés Rosso, Abogado















