El encuentro de los pioneros

Una de las instituciones con más historia de Derqui abrazó las voces y los recuerdos de un puñado de vecinas y vecinos que aman esta ciudad.

El Club Social y Deportivo Unión arrancó lleno de pibes y pibas peloteando en la canchita de césped sintético con alambrado perimetral nuevo, mientras padres y madres mateaban al costado y otro grupo disfrutaba de los nuevos tableros de básquet que gracias al trabajo de la Comisión Directiva se instalaron rápidamente en la cancha multiuso del playón abierto.

Mientras en el buffet la historia cantaba falta envido de mano con 33.

Es que cerca del mediodía de un sábado de noviembre se empezaban a reencontrar hombres y mujeres con siete, ocho décadas de vida encima que estudiaron en la Escuela 11, en algunos casos cuando estaba en la casona de la calle Toro, y en otros cuando apenas se mudó frente a la plaza y las aulas eran vagones de tranvía.

Compartieron unas empanadas y gaseosas, alguna que otra torta y mucha charla, de esas que la sobremesa trae, con anécdotas de ayer, con nombres idos, con emociones a flor de piel y siempre con Derqui en el centro de la conversación.

“Cuando yo era chiquito ellos eran todos gente grande. Los conozco del Club Unión viejo, donde me enseñó mi hermano a jugar al ping pong”, sonríe Carlos Cañete (72).

 “Mi papá fue el primer municipal de Derqui, Cristobal López, en diciembre cumplo 80 años y vine a la reunión con los chicos de la primaria: Hugo, Higinio, Norberto. Primero inferior hicimos en la escuela vieja y después en segundo inauguramos la nueva”, dice la señora López.

“Cuando estaba en la pileta del Unión les decía a los pibes: ‘Si te ahogás, encima vas a cobrar cuando te saque’”, sonríe el querido Pocho Rosende, encargado allá por los años 80 de las temporadas de pileta memorables, siempre en el recuerdo de una generación de derquinos.

“Vengo acompañando a mi papá Sánchez Evangelio, de 83 años, que fue al colegio con todos estos pibes”, sonríe Alicia (58).

“Cuando estudiaba, pasaba el tren con dos vagones y la máquina era a vapor. ¿Vos sos del diario? Por favor, escribí que hay un problema con los cajeros del Banco. Ya Derqui tiene muchos habitantes y casi nunca hay plata”, dice Evangelio (83).

“Yo estoy acompañando a Coco Fernández, mi marido, y estamos con mi nieta Olivia”, dice Edith mientras corta la torta.

“Viví en Derqui desde los 6 años, vengo desde Hurlingam a esta reunión con mi esposa Graciela, porque quería que conociera a mis compañeros de primaria y especialmente a Esmael Geder”, Eduardo Sosa.

“Cada quince días vengo a Derqui, dejo a Beba, mi señora, en lo de su prima y me paro en la puerta del Club Unión, estoy como 15 minutos, y después voy a la Parroquia y hago lo mismo. Son las dos obras más importantes que hicimos”, cuenta emocionado Geder, autor del libro La historia de un sueño (El Bodegón Ediciones).

 “Cuando éramos chicos, nuestro divertimento mayor era escalar árboles. Aprovecho la oportunidad para recordar a aquellos que ya no están, me duele muchísimo comprobar que la vida se llevó a muchos amigos y seres queridos, entre ellos mi hermana, Graciela Redolfi”, cuenta Neni.

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