El extraño caso de Edgar Monteagudo

Desapariciones

por Renso A. Gómez

 

La Ruta Nacional 8, tal como su nombre lo indica, recorre muchos kilómetros a lo largo de tres provincias del país y, en ningún otro lugar, cobró tanta importancia como entre la ciudad de Pilar y Derqui. Ni siquiera Venado Tuerto con sus semáforos infinitos lograron hacerla famosa como sucedió en el Partido de Zona Norte.

La desaparición de Edgar Monteagudo fue un episodio realmente extraordinario. Extraordinario y sobrenatural.

Más allá de mi tarea como periodista, siento una gran pasión por la investigación. Y fue justamente esa incertidumbre, la que me trajo hoy al Hospital Psiquiátrico Montes de Oca, donde actualmente reside Manuel Correa.

Él había sido el único testigo de aquel horrible episodio donde su amigo desapareció entre la neblina nocturna.

Supuse que visitarlo no me traería inconvenientes. Seamos sinceros, ¿cuántas visitas reciben estas personas? Cinco minutos después de esperar que las enfermeras lo trajeran desde su habitación, lo tenía sentado frente a mí.

Era un hombre de aspecto avejentado a pesar de sus cincuenta años. Tenía el cabello gris y descuidado. Sus finos dedos guardaban más que tierra dentro de sus largas uñas, y eso era lo que me proponía investigar.

A pesar de su mirada perdida, la cual atribuí a las enormes cantidades de Haloperidol, supe que esa persona que ahora se sentaba junto a mí tenía una historia por contar.

–Buenas tardes, señor Correa -, comencé la conversación sin éxito. Ninguna respuesta de su parte. Insistí:

–Señor, soy periodista del Apogeo, estoy aquí para hacerle unas preguntas acerca de la desaparición del señor Edgar Monteagudo. ¿Sería usted tan amable de ayudarme?

– Se lo llevaron -me contestó con la voz ronca.

-¿Quiénes? ¿Quiénes se lo llevaron? -pregunté ansiosamente, como un chico de colegio. Me sentía afortunado de obtener una respuesta tan rápido y no quería desaprovechar mi oportunidad.

-Se lo llevaron y jamás volverá con nosotros. Sin embargo ellos… ellos ya se encuentran por todas partes. Anoche los vi sobrevolar la zona. Me están buscando. Quieren llevarme también. No me queda mucho tiempo… -, de pronto una ávida sonrisa consciente formó parte de su cara y sentenció:

– ¡Se acabaron las noches de soledad para mí!

-Dígame señor Correa, ¿quiénes lo están buscando? Necesito saberlo. Yo puedo protegerlo, pero antes debo saber todo acerca de aquella noche.

-No hay nada más que contar joven. Siga su camino e intente olvidar aquel episodio. La única realidad es que Edgar se ha ido lejos y pronto volveré a encontrarme con él. Ahora le voy a pedir que se retire, todavía tengo cosas por escribir.

Y así nomás se levantó de su silla y se fue caminando a paso lento, arrastrando las pantuflas por el lúgubre pasillo del hospital.

Yo no sabía cómo reaccionar. Quizás debía hacerle caso. Terminar con esa absurda investigación y creer en los relatos oficiales de la policía, quienes aseguraban que había sido un secuestro. Sin embargo, no lograban convencerme.

Al día siguiente, cuando desperté y encendí la computadora, leí en algún diario regional que Manuel Correa había desaparecido. No había rastros de él salvo una carta.

Unas pocas líneas escritas a mano que decían exactamente: “Dijeron que estaba loco por creer en ellos y hoy me han demostrado lo contrario. Vuelvo a vivir, lejos, pero vuelvo a hacerlo.”

Esas fueron las últimas palabras de Manuel Correa. Nunca nadie supo qué fue lo que realmente sucedió. Hace tres días atrás, una enfermera me comentó acerca de una visita por parte de “hombres hablando en inglés”; y a partir de ese momento nadie volvió jamás a hablar del caso.

De vez en cuando, suelo mirar al cielo y preguntarme si aquellos dos amigos se encuentran por alguna parte del universo. Pero cuando intento dar alguna explicación a mi incertidumbre, la gente suele decirme “no te metas, es cosa de mandinga”.

Hoy, el Diario de Pilar tituló: “Vecina de Villa Morra asegura haber visto OVNIS”.

 


Autores locales

Los Libros y los niños

El pasado sábado 23 de junio a partir de las 15 hs. en el primer piso del shopping Pilar Point hubo fiesta de la cultura. Cientos de niños asistieron a la presentación de los libros “Letras del Bicentenario” y “Pequeños escritores de Pilar” a cargo de alumnos de escuelas públicas y privadas (Instituto Madre del Divino Pastor).

También se presentó “El espectáculo de Madera” y hubo simultáneas de ajedrez con el Prof. Marcelo Fernández, quien además es propietario de la librería Matute Libros.

Escritores grandes y chicos se encontraron en la alegría y la risa. Gracias a docentes, directivos, inspectoras, alumnos, papás y mamás presentes en el encuentro.

Galería de fotos completa en Facebook periódico El Apogeo.

Con la cultura ganamos todos. Compre libros de autores locales.

 

Pizpireta del Club de Arte Media Vuelta con el libro “Pequeños escritores de Pilar”, hecho por alumnos del Madre del Divino Pastor. A la venta en Matute Libros por sólo $ 30.-

 

 

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miércoles, 18 febrero, 2026

  Edición N°: 2095  

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