Ignacia siempre está volviendo al barrio con su música y composiciones. El próximo 5 de mayo estará presentando Alud, su tercer disco, en el Teatro Gregorio Laferrere.
Algo habrá en el aire que hace que esta tierra vea nacer músicos brillantes. Tal vez desempeñen un rol protagónico el Conservatorio de Música Alberto Ginastera y sus invaluables profesores, reconocidos en todo el mundo. O tal vez la música urbana que componen los rieles del tren, las frenadas del colectivo, el viento silbando entre los árboles cobijando con sus ramas el canto de las aves.
Ignacia nació en Morón, en la clínica Modelo. Padre ingeniero y madre profesora de piano quisieron darle la mejor educación. Colegio San Judas Tadeo, escuela número 68 del Barrio Aeronáutico, Instituto Santa María de Guadalupe, finalmente Escuela Secundaria número 5 Aupi. Hubo piano y guitarra en su casa, primeros amigos en la adolescencia.
“La música fue una herramienta de sociabilización. Mi vieja era profe de piano y aunque no lo tocaba estaba ahí… teníamos una guitarra criolla y libro con acordes y así empecé a tocar de manera autodidacta. Mi primer profe de guitarra fue Matías Kocens, guitarrista de Demente Caracol. Después, tomé clases con Goyi Alzaibar.”
Sobreviviente de los ‘90, se hundió en el mundo de la música, Nirvana, Red Hot Chili Peppers…
“Yo quería una guitarra eléctrica pero me compraron una acústica, era horrible, durísima. Finalmente cuando cumplí los 15 me la regalaron.”
Es una estudiosa, una música académica que está en constante entrenamiento. Nunca dejó de perfeccionarse.
“Mi viejo era ingeniero, mi hermano estaba estudiando ingeniería y entonces había unas ganas de que siguiera una carrera universitaria. A mí me tiraba antropología, así que empecé el CBC al mismo tiempo que empecé a estudiar en el Conservatorio de Morón. Entonces me dije ‘cuando esté re quemada, cuando ya no tengas fuerzas, voy a dejar de ir a lo que menos ganas tenga’. Llegué al conservatorio y me pasó como en el video de Blind Melon cuando la abejita entra y ve a un motón de abejitas como ella… así. Me gustaba la música, tocar, pero también me gustaba investigar, la historia de la música. El Conservatorio de Morón tiene profesores muy zarpados a los que llaman de Londres para dar cátedra sobre música antigua. Me pongo re loca cuando se ponen a hablar de la educación pública. Gracias al Conservatorio yo accedí a un nivel increíble de conocimiento. No sería la misma persona. Yo vengo de Ituzaingó de una calle de tierra y realmente estoy muy agradecida a ese lugar.”
Estudió 6 años canto con Laura Hatton, improvisación con Guadalupe Raventos, guitarra con Lito Epumer y Rodolfo Gorosito, piano y armonía con Juan Carlos “el Mono” Fontana.
Tiene tres discos hasta la fecha. Discos que parió desde la autogestión.
“Para pre producir y grabar mi primer disco, Mis manos (2007), pedí un préstamo en un banco y me endeudé por muchos años pero fui muy feliz. Cuando llegaron las cajas, lloré, reí. Fui a la disquerías a repartirlo, contraté un agente de prensa. Mi segundo disco, Salta (2012), fue producido junto a Fico Piscorz (Massacre), grabado en el estudio MCL records y editado por Odisea Records y RGS Music. Los intermediarios a veces no son tan copados. Cuando edité el primero disco, lo que hice fue subirlo a Internet con una licencia que se llama creative commons. Esto quiere decir que lo podés descargar gratis con la misma calidad que el disco y que no estás en el marco de la ilegalidad. Eso hizo que agotara las mil copias. Sólo tengo uno que me regalaron unos fans. En el 2008, fui a Barcelona y había una banda de pibes que hacían música electrónica y conocían mi música a través de Internet. Al subirla gratis, ayudás a que tu música circule. El copyright es una restricción pensada para cuidar intereses de monopolios, no intereses de artistas porque los únicos músicos que viven de sus discos son los que tienen un contrato con una estructura que se asegura que ese disco rote por todas las radios, porque lo tiene ya pautado, y que estén en todas las disquerías. Mi música es libre.”
Su último disco, Alud, fue editado a fines de 2016 y también producido con Fico Piscorz, mezclado por Guille Porro. Grabado en estudios Dr F, La Siesta del Fauno y Estudio Humano, cuenta con invitados especiales como Mono Fontana, Pipi Piazzola, Diego Frenkel, Gimena Álvarez Cela, Paula Maffia, Marilina Bertoldi, Fede Novak, Valentina González, Florencia Ruiz, Miguelius, Pedro Bulgakov, Leo Costa, Gerardo Farez.
“Este último disco no tiene guitarras, ¡y es el instrumento que más toco! Me copé con los sintetizadores. Venía histeriqueando con la música de los ‘80. Fico es mi productor artístico, la persona que organiza, que me ayuda a tener una mirada externa, no se mete en lo compositivo, me orienta para tener una estética, un concepto en el disco. Estamos muy contentos con lo logrado. Tal vez el próximo disco sale re rockero.”
“En el Oeste, definitivamente pasa algo mágico. Siento que acá hay una energía loca, no sé qué será, pero hay muchos músicos copados.”
Ignacia y la inspiración como puntos de partida hacia nuevas composiciones. Emociones, melancolía, la vida que nos pasa y nos atraviesa. En estos años de carrera, otros cielos la vieron desplegar su música: Chile, México, Europa. Y sin embargo, siempre está volviendo al barrio, siempre está llegando.
por Noelia Venier















