por Luisa Soto*

¿Se cerrarán las compuertas del odio?
El futuro, incierto… Fuego que apaga las estrellas. Llueven chispas de muerte…
Alaridos, gritos. Silencio. Indiferencia. Ausencia. Niebla sin sol.
Llorar polvo, llorar ceniza.
Quién podrá decir “otoño” si el horizonte es un vacío, si no hay hojas rasgando el aire, cayendo, hilvanando cielo y tierra con sus puntadas de color.
¿Cruzarán los pájaros la inmensidad? ¿Será cielo sin árboles?
Será solo silencio.
¿Quién guardará el paso del tiempo? ¿Quién cantará entre las piedras?…
No llorar polvo y ceniza…
¡No!
¡Juntar las manos! Todas las manos para impedir las ramas quebradas, para impedir las ramas quemadas.
Juntar las manos… ¡Todas! Que nuestra voz y la voz del bosque sean solo una.
Porque si no… ¿Amanecerá mañana? Amanecerá sin abejas ni flores.
¿Amanecerá sin árboles?
¿Cerrarán las compuertas del odio?
Comprenderán que estos árboles no los verán nuestros niños, no los verán nuestros nietos.
¿Quién, entonces, podrá escuchar la canción del bosque?
Están quemando nuestra alma en este fuego, han escupido ese aliento de ceniza, de odio y desprecio para apagar nuestros corazones…
¡Unamos nuestras manos!
No seamos un futuro gris de siluetas sombrías buscando refugio sin encontrar dónde. ¡Unamos nuestras manos!





