La voz de la experiencia
Pablo Clemente Ayala (75) y Pascua Bienvenida Sáez (70) recuerdan a su compadre y amigo Nicolás Eulogio Gallego.
Son oriundos de Mendoza, como tantos derquinos repartidos en los barrios que llegaron desde las provincias para forjar su destino.
“Queremos recordar a Nicolás Eulogio Gallego, que el 27 de abril hubiera cumplido 81 años”, dicen.
“Gallego”, como lo conocían muchos, vivió más de 30 años en Derqui y estuvo felizmente casado con Nélida, con quien tuvo cuatro hijos: Pepe, Fabián y Mirta.
“Él era mi compadre, mi amigo, éramos uno”, dice pausado Don Ayala.
“Además somos familia, yo soy hermana de su esposa”, aporta Pascua.
Cuántas historias encuentran el hueco del alma para fundirse en la amistad y en el respeto. No se mueren las anécdotas cuando la risa llenó de recuerdos el pasado.
“Para mí era como mi padre, yo tenía 12 años cuando se casó con Nélida, los consejos que mi padre a veces no me daba me los dio Gallego y me hermana, y cuando ellos se vinieron para Buenos Aires fue muy triste para nosotros quedarnos en Mendoza”, dice ella.
Entonces Nicolás Eulogio Gallego hizo las diligencias necesarias para que su amigo trabajara de ferroviario como él, y se pudieran venir a vivir a Derqui. Y así fue como abrió el camino para que la familia siga unida.
“Al lado de ellos vivíamos nosotros, acá pegados a la vías, me buscó una casita bien cerca de la suya para que no me fuera tan lejos, era mi amigo”, dice el hombre.
Tupungato, Los Furnos, frigoríficos en medio del campo, bautismos, amistad, vino compartido en la alegría, compañerismo, lealtad y amor de hermanos.
De Ñancuñan a Derqui sin escalas, de Mendoza a Buenos Aires para crecer.
La vida sigue en el amor de hijos y nietos que no olvidarán.

















