Club Deportivo Monterrey
Es la historia de la esquina, son los sueños grandes de un pueblo que va por más.
por Victor Koprivsek
La cancha de Fénix se llena de bordo y amarillo. Los pibes llegan, el equipo salta, la tribuna estalla en cánticos y retumban las gradas. Desde el barrio se arriman al fuego sagrado, no juegan por ellos, juegan por la camiseta.
El Presidente del club recibe a los amigos. Invitaciones, mensajes, aliento y acompañamiento. El abrazo sincero y las ganas de festejar un gol sobre la hora.
Gane o pierda, Monterrey no se rinde. Trompetas, trapos, la alegría en cueros que juega de local en cualquier parte.
Derqui siempre, siempre, rompe el molde. Patria de pocos, amor de veras.
Y el hincha ahí, firme junto al equipo.
Eduardo Galeano, escribió:
“Una vez por semana, el hincha sale de su casa y asiste al estadio. Flamean las banderas, suenan los tambores; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo.
Allí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado.
Rara vez el hincha dice: «hoy juega mi club». Más bien dice: «Hoy jugamos nosotros».
Bien sabe este jugador número doce, que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música.
Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón.
Y entonces el sol se va y el hincha se va. Y caen las sombras sobre el estadio que se vacía”.
Salud Deportivo Monterrey!!! Las primeras páginas se escriben con pasión, la derrota es fortaleza y la victoria es humildad.
















