La información: un derecho humano fundamental

La información es un derecho humano inalienable. El ciudadano corriente tiene el derecho a que se le informe detalladamente y con la verdad todos y cada uno de los actos que realizan las autoridades, que no son más que mandatarios de los ciudadanos de un país.

Un senador representa a una provincia o un estado, los diputados representan a todos los habitantes en su conjunto, el presidente es el “primer mandatario”, los jueces deben hablar por medio de sus sentencias basadas en hechos comprobados, un ministro debe informar en detalle los actos que realiza.

La información que brindan a diario los medios informativos debe ser fidedigna y debidamente chequeada.

Parece elemental, pero, en la práctica, esto no sucede. El pueblo es permanentemente bombardeado por noticias falsas.

A una nación se la puede llevar a la guerra mintiendo las verdaderas razones.

Esto sucede en todo el mundo. Cuando la historia devele la verdad, será demasiado tarde para lágrimas.

Un pueblo informado no le es útil a quienes tienen en mira, exclusivamente, su crecimiento personal y político.

Las estadísticas de hechos negativos (delitos, mortalidad infantil, aumento del costo de vida, trabajadores en negro, pobreza, desnutrición, desocupación, etc.) son, permanentemente, manipuladas por las autoridades.

En esta era donde la tecnología nos domina, esa misma tecnología es usada para desinformar.

Los ciudadanos eligen, por medio del voto, a los políticos que los representarán en todo acto de gobierno. Pero si ese ciudadano recopiló datos suministrados por esos mismos políticos, ¿cómo puede tomar una decisión correcta cuando deba poner su voto en la urna?

Cada político usará los datos que le convenga a sus propósitos electorales.

Vemos a diario como, por ejemplo, en distintos programas de televisión se adoptan posiciones contradictorias según los intereses que representen. ¿Cuántos periodistas podemos decir que son independientes?

En días anteriores se trataron más de noventa leyes en el Parlamento. ¿Alguien nos informó en detalle cada uno de los proyectos que se trataron?

¿Es correcto que un contrato en el que está en juego la soberanía de una república contenga cláusulas secretas?

¿Es normal que se instale una base china en la Patagonia y no nos informen cuáles son sus intenciones?

Estos interrogantes nada tienen que ver con la postura política que asumamos. Cada uno debe tener la convicción política que considere representativa de su pensamiento, eso es la democracia.

Pero, ¿es legítimo que nos bombardeen durante días acerca de los atentados en Paris y no nos muestren el sufrimiento a que son sometidos los ciudadanos sirios?

¿Es posible que nos digan que el planeta se encuentra al borde de un punto de ruptura en materia ecológica y los mismos países que nos hablan del calentamiento global hacen caso omiso y sus propias industrias continúan contaminando e incrementando la temperatura?

El propio presidente de los EE.UU manifestó que su país es el segundo país emisor de gases pero no firmó, en su momento, el protocolo de Kioto de 1997 y el Congreso norteamericano, dominado por los republicanos, ya dijo que no aceptará un pacto jurídicamente vinculante que limite a los EE.UU.

El político y los que los secundan creen que pueden realizar cualquier acto que comprometa la vida, la economía y el destino de millones de personas sin rendir cuentas de su gestión y explicar, acabadamente, las verdaderas razones de sus actos.


 

Por Dr. Andrés Rosso, Abogado

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lunes, 16 febrero, 2026

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