La memoria… siempre la memoria

El pasado 22 de noviembre se inauguró la Biblioteca Popular Yo Soy Gardel. La autora de esta nota revivió momentos nostalgiosos y escribió desde el corazón.

 

Hace varias semanas que tenía intenciones de asistir a las presentaciones itinerantes de la naciente Biblioteca Popular Yo soy Gardel. Y siempre aparecía algo que me lo impedía, incluso mi propio cansancio. Pero esta vez lo tenía decidido. Y cuando Noe me pidió por mensaje si podía tomar nota para El Apogeo, ya que ella no iba, la decisión se tomó sin prisa.

Hace 42 años, en 1974, trabajé como maestra de música en el jardín N° 17 que funcionaba en el Barrio Carlos Gardel. Cuando el “barrio” era otro. Casas de chapa o madera, pisos casi todos de tierra. Mucho barro. Mucha pobreza. Incluso nuestro “edificio” era de chapa y madera con pisos de tierra. Ana, María Cristina, Graciela y yo la peleábamos todos los días para que los chicos no faltaran. Íbamos a buscarlos a sus casillas y ahí estaba la escena: madre llorando, padre borracho, chicos a la buena de Dios. Luego de alguna charla reparadora, los vestíamos como podíamos y los llevábamos al jardín. También estaban las familias que a pesar de sus pesares conservaban su dignidad. Y sus hijos venían, lustrosos sus remiendos, pero venían y eran felices. Los otros de alguna manera eran felices también.

Hoy me encontré con casitas de material, asfalto, monoblocks, una placita re linda y una capilla cuidada. Estoy casi segura de que donde están todas esas cosas estaba nuestro ranchito. Sí, era Villegas la calle que me llevaba a él; caminaba por 2 cuadras llenas de barro.

La única droga que existía era el alcohol. Ahora ya la variedad es infinita. Al progreso que les dieron lo acompañaron con destrucción de almas. Triste.

Comienza el acto hablando una de las chicas sobre el objetivo principal que tienen: darles a los habitantes del barrio la posibilidad de adquirir una identidad diferente a la que le otorgan los medios, que estigmatizan sin medias tintas a todo el que vive allí. Maravilloso. Y tres perspectivas que persiguen: bibliografía para niños y jóvenes, bibliografía sobre la problemática de género y bibliografía sobre derechos humanos.

Hubo invitados que formaron un panel donde pudieron decir. Hernán Nemi, amigo y fundador de la Biblioteca Palabras del Alma de Pilar, dijo: “La biblioteca es un lugar donde se cumplen sueños”.

Margara Averbach, escritora, resumió: “La biblioteca es un lugar donde se busca refugio del mundo, para salir después a ese mundo más armado”.

Y Norita Cortiñas, ella, la madre, la que siempre está: “Nosotras somos libros vivientes, parlantes que contamos la historia, y por eso venimos a las bibliotecas”.

Durante todo el acto tuve la sensación de que me iba a encontrar con algún padre, o ex alumno, o no sé, alguien de aquellos años. Además un raro sentimiento de estar como en casa. En mi memoria, ese año aparece bueno, enriquecedor, lleno de aprendizaje y sin miedo. No teníamos miedo de trabajar allí. No tengo miedo ahora de estar allí.

Y estos chicos están escribiendo en la memoria de los niños, jóvenes y adultos que asisten. Escriben líneas de esperanza, de querer cumplir deseos, de solidaridad y sobre todo de amor. Bien por ellos.

Por Cristina Alonso

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