“La peluquería fue la gran pasión de mi mamá Elsa”

Adalberto López (66), su legado en la formación del oficio trasciende las fronteras de Derqui.

“Creo que lo fundamental es haber sido un instrumento para que otros puedan tener un oficio con que ganarse la vida”. Adalberto López, peluquero de Derqui.

El querido vecino nació en Derqui y a los dos años se mudó con su familia a la Capital. Volvieron cuando él tenía catorce y nunca más se fueron.

“Siempre digo que en la vida uno tiene que tener identidad y eso te lo da el lugar donde vivís. Muchas veces me ofrecieron trabajar en Capital, pero allá sos un número más”, arranca Adalberto.

Luego llegó el amor y echó raíces. Con Alicia, su gran compañera, formaron una linda familia.

“Ella era de Bernal y nos conocimos en San Miguel. Tenemos dos hermosas hijas: Noe y Ale. Hoy disfrutamos de cuatro nietos: Genaro, Joaquín, Victoria y Renata”, se le cae la baba al abuelo.

La pasión por la peluquería es un legado que heredó de su mamá Elsa, tanto él como su hermano Favio. En el caso de Adalberto, además, desde hace más de 20 años dicta talleres en centros educativos del distrito.

“Yo siempre digo que la vida te va poniendo en los lugares donde tenés que estar. Un día llevé a Alicia (su esposa es docente) al colegio Santa Ana, y estaba Norberto Ferreyra, un grande, me preguntó si quería dar clases de peluquería y empecé con tres horas”.

En esos años arrancaban los Centros de Formación Profesional en las Escuelas de Adultos. Así fue como dio clases en la 11, la 20, el Hogar de Madres Solteras y, en la actualidad, en el Centro de Formación Profesional 405 de Del Viso.

“En 2019 viví una experiencia muy buena en Zelaya con el Plan Fines”, comparte agradecido.

De personalidad muy calidad, al cierre de la entrevista comparte un recuerdo de su infancia en relación al oficio.

“Siempre les cuento a mis alumnos que mi abuela Ema era peluquera en el campo y siempre tenía a mano un tarro de Pancután (crema para quemaduras), porque antes no existían las planchitas eléctricas y se usaban las planchas calentadas en el brasero”.

-Y ¿qué tiene que ver el Pancután y la peluquería?

-Era para las quemaduras, se quemaban las orejas haciéndose los risos –ríe a carcajadas. 

Linda nota compartida en las páginas de El Apogeo. Gracias por la onda.

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