La medicina ha hecho que el individuo viva más años en plenitud.
La tecnología nos permite estar comunicados al instante con cualquier parte del mundo.
Vemos en detalle la superficie del planeta Marte cómodamente sentados en el living de nuestra casa.
Nos deleitamos con juegos electrónicos cada vez más sofisticados.
El desarrollo de la aviación nos permite desayunar en Nueva York y almorzar en Londres.
Luchamos por la protección de los animales; intentamos salvar una ballena arrastrándola como podamos hacia el mar.
Tratamos de superarnos cultural y socialmente.
Disfrutamos de un espectáculo olímpico o del show de nuestro artista favorito.
Pero… existen en el mundo 200 millones de mujeres a las que se les ha eliminado, parcial o totalmente, el tejido de los órganos genitales, particularmente el clítoris, con el objeto de negarles el placer sexual.
Es lo que se conoce como mutilación genital femenina (MGF) o circuncisión femenina.
Veintiocho países en el mundo la practican. La ONU, recién el 20 de diciembre de 2012, adoptó una resolución que prohibía la práctica de la mutilación femenina.
Y el 8 de agosto pasado, el Parlamento Panafricano prohibió dichas prácticas en sus cincuenta estados miembros; sólo tiene carácter consultivo y no legislativo, es decir que no es obligatorio para la treintena de países que los siguen realizando.
Cada año, tres millones de niñas en África y Oriente Próximo son mutiladas. Se calcula que en el plazo de una generación se podrá acabar con la ablación.
En países como Egipto, Sudán, Eritrea, Etiopía o Somalia se practica la llamada “circuncisión faraónica”, que además de la extirpación del clítoris y labios mayores y menores conlleva el cosido de la vulva hasta dejar un pequeño orificio para permitir la salida de la orina.
Suele practicarse en la infancia, entre la lactancia y los 15 años.
Pero no pensemos sólo en dichos países. En Italia o Irlanda no está penada.
En Asia, comunidades kurdas, Afganistán, Brunei, Malasia e Indonesia también la practican.
La comunidad indígena emberá, que habita parte de Colombia, Panamá y Ecuador, también lo hace.
Las consecuencias son tremendas. Muchas mujeres mueren por infección porque no se hacen en centros sanitarios.
Este es el mundo actual. Se lucha contra la discriminación de la mujer. Infinidad de tratados hablan acerca de la protección de los derechos humanos. Sin embargo, la triste realidad nos muestra que estamos muy lejos aún del respeto a los derechos fundamentales que tiene cualquier individuo.
por Andrés Rosso, Abogado















