La Biblioteca Pública y Popular de Haedo fue fundada en 1971 por un grupo de vecinos. A continuación, entrevista a Ariel Guallar, actual presidente de la Comisión Directiva.
La biblioteca palafoxiana en Puebla, México, fundada por el obispo Juan de Palafox y Mendoza en 1646, fue la primera biblioteca pública de América. Tiene un fondo bibliográfico antiguo de más de 45 mil volúmenes, compuesto por colecciones de manuscritos e incunables. Enmarcada con detalles del estilo barroco y muros labrados por ebanistas novohispanos que trabajaron las maderas de ayacahuite, polocote y cedro, es la única biblioteca en América que conserva su edificio, estantería y acervo original.
En esa primera biblioteca no había libros de los aztecas ni de ningún pueblo originario.
Dicen los que saben que antes del paso de Cortés por el Nuevo Mundo, los hombres y las mujeres atesoraban sus conocimientos en las estrellas. También dicen que la magia de Technochitlan quedó suspendida en la Ciudad de México y que cuando se entra a la biblioteca espíritus ancestrales susurran secretos cuando se abren los libros. Eso dicen…
Muchas bibliotecas se fundaron desde entonces, se abrieron como espacio de resguardo y cuidado de la memoria escrita, ahora que la oralidad fue reemplazada por la palabra, por lo menos en nuestra cultura. Una de ellas es la Biblioteca Pública y Popular de Haedo.
La biblio se ubica donde está porque se le cedió ese espacio en comodato, hoy vigente hasta 2022 con renovación a 2023; su ubicación es inmejorable.
“El sueño: la sede social propia. Que el espacio cedido por la escuela quede definitivamente destinado a la función de biblioteca. Algo necesario y vital, teniendo en cuenta que la biblioteca de Haedo es una de las más importantes del país, tanto en cantidad y calidad de libros como en cuanto al amplio rango horario y servicio gratuito que presta a la comunidad”, confiesa Ariel Guallar.
Es muy importante aclarar que la biblioteca existe y se sostiene gracias a un grupo de socios que trabaja ad honorem. Este grupo es la Comisión Directiva (CD). “De raíz, sin ella, no habría biblioteca”, asegura.
“En nuestro caso particular, yo venía dando clases gratuitas de literatura en la biblio, pensando en la posibilidad de devolver algo de lo que yo pude aprender en diversos talleres, tales como los de los maestros Walter Ianelli y Alberto Ramponelli. A su vez, me iba interesando en colaborar con la CD para solucionar diversos aspectos que no andaban bien: nulo mantenimiento, nula realización de actividades…”, continúa.
Así fue que, con ganas de ayudar, asistió a la Asamblea 2013 y se encontró con un verdadero desastre.
“La situación era calamitosa y apremiante porque la biblioteca iba al cierre. Sólo había dos opciones. Una, dejar que todo se fuera al diablo y no tener ningún problema ni responsabilidad al respecto y seguir disfrutando de mi ya escasísimo tiempo libre. O, dos, hacerme cargo de una tarea titánica, plagada de burocracia, impedimentos y dificultades de todo tipo en un ámbito desconocido para mí.”
Fue entonces cuando este escritor moronense decidió afrontar el desafío de proteger un espacio para que miles de personas sigan leyendo.
“Hoy la biblioteca abre sus puertas de lunes a viernes de 8 a 20 hs. (con un cierre de almuerzo de 13 a 14 hs.) y los sábados de 9 a 13:30hs. No cierra en ninguna época del año. Cuenta con tres empleadas, Laura, Nadia y Sole, quien es la bibliotecaria (contratada por la actual CD). Entre las tres atienden al público, ponen buena onda y abren la biblioteca todos los días”, nos cuenta. “Así, no sólo se mantiene este generoso y poco visto rango horario sino que además hoy, gracias a enormes y reiterados esfuerzos de la actual CD, la biblioteca tiene toda su documentación prácticamente al día, después de tener que rubricar 3 libros legales obligatorios y subsanar una infinidad de problemas que harían palidecer de terror al mismísimo Kafka”, asegura.
Para que el queridísimo lector comprenda toda la burocracia a la que se somete a la buena intención de los vecinos interesados en aportar su tiempo y voluntad a un emprendimiento colectivo, toda asociación civil sin fines de lucro tiene una Comisión Directiva: los clubes de barrio organizados, las sociedades de fomento, los centros de jubilados, o de diversas disciplinas y organizaciones comunitarias. Legalmente, el organismo gubernamental que suele supervisar y regular estas instituciones es la Dirección General de Personas Jurídicas, ubicada en La Plata, y ante la cual hay que presentar complejas documentaciones que escapan por lejos al entendimiento y posibilidades de un ciudadano común y corriente.
“En poquísimas palabras, la CD (hoy con 7 miembros activos: Raúl, Gonzalo, Daniela, Majo, Gastón, Pablo y yo, más una voluntaria, Vic) se encarga de hacer los estados contables, las actas, completar los libros obligatorios, las reuniones mensuales, la evaluación de todo tipo de proyectos, pedidos, actividades, talleres activos anuales, presentaciones, la rendición de toda la documentación a nivel nacional, provincial y local, por mencionar solo algunas tareas.”
La biblio también se abre fuera de su horario habitual para dar lugar a diversas actividades culturales, la mayoría de ellas gratuitas; por ejemplo, lecturas de poesía y cuentos, música, cine, narración oral, presentaciones de libros, charlas y actividades infantiles, entre otras.
Surge una pregunta, ¿por qué, en un mundo cada vez más individualista, realizar esta labor?
“Sólo por amor al arte. Para que más gente lea, para que más personas defiendan y descubran sus derechos, conozcan la historia, estudien y, resumiendo, para que amplíen sus posibilidades de pensamiento y de lenguaje que es un elemento clave en el desarrollo personal y colectivo de todas las áreas de la vida.”
La Biblioteca Pública y Popular de Haedo, con 45 años, tiene casi 80 mil volúmenes en sus anaqueles y no cuenta con ninguna ayuda municipal; se solventa con el aporte de cuota por parte de los asociados, la realización de actividades solidarias, el ingreso de pequeñas donaciones, el subsidio de la Dirección Provincial de Bibliotecas, y el subsidio de la Comisión Nacional de Bibliotecas que hace tiempo que no llega.
Ariel fue elegido presidente de la CD en una situación de emergencia en Asamblea General Ordinaria el 13 de julio de 2013, “luego de 3 asambleas, discusiones, argumentaciones y batallas por librar a la biblio de quien la estaba destruyendo, con la colaboración de un puñado de impresentables. En realidad, yo no quería acceder a tal honor… Puede sonar muy lindo pero ser presidente de la CD no da privilegio alguno más que ser el representante legal de la institución, lo cual es una responsabilidad enorme que nadie quiere asumir… Por eso, y porque había vencido la dificultad de reunir al grupo de socios para que se comprometieran a formar una nueva comisión directiva, terminé ocupando ese cargo. Pero hubiera preferido ser vocal suplente.”
«Gracias a lo que se hizo ahora se puede apuntar más al desarrollo cultural de la biblioteca, una vez hecho el mayor esfuerzo y estando el ámbito administrativo en orden. Además, se aceptan colaboradores y personas interesadas en participar en la gestión de la biblioteca para la organización de espacios culturales.»
– Contame un poco a qué te dedicas a parte de escribir y cómo es esto de ser escritor y tratar de vivir de eso.
– Aparte de escribir, hago de todo. Para subsistir me dedico a trabajar de mi oficio, que es la fotografía. También de a poco y cada vez más, a la docencia, que me interesa bastante; coordino talleres de literatura hace unos diez años. Además estoy formando una pequeña y hermosa familia. Trato de proseguir mis estudios universitarios. Trabajo para la biblioteca. Y cuando puedo, leo o escribo. Está fuera de mis planes vivir de la literatura, y, si algún día ocurre, seguramente será por error.
– ¿Cómo ves a la cultura actualmente? Sobre todo a la cultura y los actores culturales del conurbano bonaerense y más específicamente del Partido de Morón.
– Citando cierta obra, percibo un ligero malestar en la cultura, una cierta banalidad en el mal que prolifera. Una hipocresía inmensa por un lado. Unos cuantos buenos corazones que resisten, diseminados. En lo personal, apoyo las iniciativas honestas y humildes, o, dicho más claramente, aquellas que están fuera del circuito. Me da curiosidad lo subterráneo, lo sincero, lo oculto, lo que no toca bocina, el arte pequeño y meditado que busca su propia voz. Noto también que hay bastante gente que tiene memoria pero mucha que no, y que se deja manipular por los multimedios y grupos dominantes. Gente que no lee a los verdaderos escritores, gente que es presa de la moda, del mercado, del materialismo y la falta grosera de contenido ético, histórico o, lisa y llanamente, de simple reflexión. Y ojo, no me refiero a las clases marginadas sino a las capas burguesas que acumulan grasa, comodidad y, en tal adormecimiento, no se hacen demasiadas preguntas.
– ¿Y el vecino de Haedo? ¿Cuál es su relación con la biblioteca?
– Me atrevo a decir que el vecino de Haedo en general no la conoce. Algunos, sí; otros, no. Hay gente que se acerca con frecuencia y le tiene gran cariño, y gente que da miles de vueltas corriendo en la plaza que está enfrente y no tiene idea de la existencia de nuestra maravillosa institución y sus tesoros tan a mano, gratis, en el clima mágico de nuestra sala de lectura. Y el problema no es de difusión, precisamente. El problema reside en la pobre relación de la sociedad actual con respecto a la lectura y el estudio. Multitud de estímulos como celulares, computadoras, televisión y demás grandes inventos del hombre nos tienen bien maniatados.
– ¿Cuáles son los proyectos para el futuro de la biblioteca?
– Me encantaría poder darle una manito de pintura. También me gustaría tener estanterías de madera. Pero bajando a la tierra, estaría bueno disponer de un proyector. Por ejemplo, queríamos pasar unos cortos de Raymundo Gleyzer el próximo 24 de marzo y no podremos hacerlo por falta de dicho equipo. También me gustaría que la gente leyera más a Fernando Pessoa, a Ray Bradbury o a Rodolfo Walsh (por decir algo, y ojo que no estoy diciendo a Faulkner ni a Borges) y lea menos, mucho menos, o nada – sería lo ideal – a Wilbur Smith, Ken Follet, Gloria Casañas, 50 «sobras» de Grey, etc, etc, etc. Desde hace unos años, también, tengo muchas ganas de realizar el primer censo de lectores de Haedo, en primer lugar, y luego ver si se puede ampliar. Se puede hacer con voluntarios y no sólo recabar información acerca de la presencia de libros y lectura en los hogares sino también difundir la biblioteca, hacer saber de su gratuidad para uso de la sala de lectura, sector infantil y demás actividades. Cada censor podría leer algún poema breve y contundente o microficción para estimular la iniciación literaria.
Ahora que los saberes no nos están vedados, ahora que somos dignos y los derechos que nos ganamos con sangre, sudor y lágrimas – sobre todo con sangre y lágrimas – bien ganados están. Ahora que nos proclamamos independientes, pueblos libres. Ahora que las bibliotecas no son espacios prohibidos para la plebe y que los idiomas no son puentes sobre abismos insondables. Ahora… ¿Qué son los libros? ¿Y las bibliotecas? ¿Son nuestro refugio, nuestra memoria? Los tiempos que corren son difíciles para los soñadores, dicen… Las bibliotecas son y serán nuestras trincheras.
“Los libros son un viaje inmóvil. Un pasadizo a la curiosidad. Un despertar. La sorpresa de encontrar afuera algo que uno no sabía que también estaba adentro suyo. Un encuentro imaginario. Una epifanía, un pliegue de la conciencia, una íntima sonrisa, un simple placer. O un pedazo de árbol que tal vez debió seguir respirando”, concluye Ariel con el susurro de fondo de cientos de historias con corazón de papel.
por Noelia Venier







