Hay nietas y nietos que honran a su abuelo en el claro despertar de sus días y en la sonrisa de sus rostros. La vida sigue y nuestros caídos nos acompañan en el abrazo de la memoria que es madre.
El primero de junio, hace 35 años, moría el Comodoro (post mortem) Hugo César Meisner y se convertía en héroe derquino. En ese momento empezaba a nacer la leyenda.
La historia cuenta que a bordo de un Hércules matrícula TC-63, junto al resto de la tripulación conformada por el Capitán Rubén Martel, el Capitán Carlos Krause, el Cabo Principal Miguel Cardone, el Cabo Principal Carlos Cantezano y el Suboficial Principal Julio Lastra, más el Suboficial Ayudante Manuel Albelos, despegaron de Comodoro Rivadavia a las 6:30 para realizar uno de los llamados “vuelos locos”.
Así se llamaba a las actividades de exploración y reconocimiento marítimo al norte de Malvinas, misión de alto riesgo ya que constaba de un vuelo rasante sobre el mar a 590 km/h hasta una posición determinada.
Luego seguía una rápida trepada con 30 grados “nariz arriba” hasta alcanzar los 10.000 pies, encendido del radar, dos a tres barridos para detectar blancos y rápido descenso, para luego plancharse nuevamente sobre el mar con un cambio de rumbo de 45 grados.
Cada maniobra se repetía cada 20 a 30 minutos.
Ese día hubo algunos problemas técnicos que los obligaron a regresar y volver a despegar recién a las 8:53.
A las 10:35 y a unos 40 kilómetros del Estrecho de San Carlos, el Hércules fue detectado por avión inglés tripulado por Niguel David Ward, a bordo del Sea Harrier XZ451, quien localizó al avión argentino con su radar.
Para entonces los integrantes del TC-63 conocían que habían sido detectados.
Ward lanzó un misil que cayó al agua y luego otro que impactó contra el depósito de combustible situado entre ambos motores.
Cuando el avión cayó al mar, eran cerca de las 10:50.
Hugo César Meisner, como tantos otros vecinos, dio la gran batalla y dejó su vida. En Derqui quedó su familia, esposa e hijos. Y su recuerdo.















