Martín Smud es psicólogo, fundador de Episteme (espacio de clínica, investigación y cultura). Mandamientos digitales es parte de una trilogía que conforman Generación Play (2014) y Homo Selfie (2019), que nace de una preocupación acerca de las incidencias de las múltiples pantallas en nuestra subjetividad.

Dormirás con tu celular, no espoliarás el final, compartirás las calumnias, sentirás bullying, vivirás en tu burbuja. Son apenas algunos de los capítulos del nuevo libro que pronto llegará a tus manos.
En esta espera, hasta que salga el libro de imprenta, iremos compartiendo en El Apogeo Diario retazos de la obra.
A esta columna la llamaremos: Dormirás con tu celular
Hoy tengo un poquito más de cincuenta. Pasé 25 años sin computadora y 35 años sin celular. Entonces una parte de mi vida fue analógica, para llamarlo de alguna manera, y la otra, digital.
A finales del siglo XVIII, un filósofo llamado Bentham (1748-1832) pensó una forma de construcción arquitectónica ideal que facilitara, desde un punto central, la visibilidad. Lo llamó panóptico, para que nada se escapara de una mirada posible.
Este es el tiempo de las distopías. ¿Qué significa distopía? Algo que podría suceder hoy pero que todavía no sucedió. Es ciencia ficción a la vuelta de la esquina. Ya no se trata de Frankenstein, no se trata de cómo hacer vida de lo inerte, de esa chispa que marcó la llegada de las primeras células. No se trata de esa ciencia ficción, la de un monstruo romántico que vuelto a la vida es ¡pobrecito! un débil mental, un asesino y que se esconde de los otros seres humanos por su fealdad. Ahora se trata de avances científicos que producen grandes descalabros en la subjetividad. Como en la serie “Years and Years” cuando una adolescente en vez de tatuarse el cuerpo no tuvo mejor idea que implantarse el celular en su mano, y se lo muestra a la madre horrorizada justificándolo como un avance de época. Le dice: “Es muy práctico, no lo pierdo, y tampoco lo tengo que tener todo el tiempo encima. El celular soy yo”.
Vivimos un presente entre dos futuros, un futuro que ya ocurrió y que aún no conocemos y otro futuro que espera que miremos el celular para que sea nuestro pasado.
La noción del tiempo y el espacio han cambiado, no es necesario verte para estar con vos, no es necesario el cuerpo para testimoniar nuestra presencia. El tiempo ha sido una de las obsesiones más duraderas y trascendentes del ser humano, una forma pura de la sensibilidad kantiana que no está ni adentro ni afuera sino condición de posibilidad de la inteligencia humana; sin embargo, ahora el tiempo nos colisiona con su presencia en tiempo real.
Para conocer qué hay detrás de una pantalla resulta necesario un quiebre, la discontinuidad y entre las esquirlas, entre los fragmentos despedazados nos veremos enfrentados a las consecuencias desconcertantes de este nuevo tiempo.
















