María Angélica Guaraz y su espíritu de lucha

Una madre que transformó el dolor en solidaridad.

Parece una frase hecha. Cursi tal vez. El amor es la fuerza más grande que nos empuja. El amor transforma todo, nos pone de pie, no nos deja caer. El amor de una madre es inconmensurable. Es el milagro más inmenso porque hace nacer semillas en medio del dolor.

Fue un 5 de abril. 2015. Lautaro Juárez, 17 años, salía de bailar. Era la primera vez que iba. No estaba muy decidido, era el cumpleaños de su sobrina y también tenía ganas de ir. Lo convenció su primo, José Manuel Lastra de 16, y allá fueron con un grupo de amigos a vivir. Porque los adolescentes de esa edad viven cada instante con anhelo, euforia, ansiedad. Los adolescentes como Lautaro sueñan con ser futbolistas y salir con la chica que más les gusta. Faltarán años para el compromiso, el no llegar a fin de mes, la tristeza del país con hambre.

Lautaro era un buen futbolista. Jugaba en el Club Juventud Estudiante. Quería llegar a primera pero Diego Nicolás Cuevas, que esa madrugada del 5 de abril decidió correr una picada ilegal por la Avenida Riadavia, en Haedo, hizo que Lautaro nunca más pateara una pelota y que María nunca más lo esperara en el abrazo.

A Lautaro le robaron el tiempo de crecer, de reír, de bailar, de besar; sus sueños murieron en el acto esa madrugada del 5 de abril. José Manuel falleció 22 días después.

“A Lautaro me lo matan. Él salía de bailar y venía caminando por Rivadavia junto a su primo y amigos”, relata María Angélica, con voz pausada, clara.

“Un día de mucho dolor por lo que pasó, en el que  llegué a pensar lo peor para mí y mis otros 7 hijos, me acosté como a las tres de la mañana. Al rato sentí algo que me inquietó y me levanté. Me puse a revisar las cosas de Lautaro. De repente escuché al oído una voz que me decía: ‘Mamá, eso no es lo correcto. Vos siempre fuiste luchadora, ¿quién va a luchar por mi justicia?’ Pensé que seguía durmiendo…”

“Así surgió poner la asociación. Mi hijo fallece el 5 de abril de 2015, yo empiezo con la asociación en julio y el 5 de septiembre la inauguro.”

La Asociación Civil Prohibido Olvidar a Lautaro está formada por vecinos. “No tengo familiares dentro de la asociación. Mis hijas me ayudan en el merendero a servir la leche, son las únicas”, aclara.

María siempre estuvo involucrada en los asuntos de su barrio, en el que vive desde que nació, por ejemplo, para que el Club Juventud Estudiante no desapareciera. “Mi hijo se quedaba sin club y tuve que pelear por un espacio de tierra hasta que conseguí el terreno donde está actualmente, hablé con Alberto Descalzo, lo esperaba hasta las 9 de la noche. Es el único club del barrio, me hubiera gustado que mi hijo lo viera. Siempre trabajé por mi comunidad. Todo lo que sembré lo coseché en el agradecimiento de la gente.”

“Si tuviera que decirles algo a los padres que están atravesando una situación de tanta tristeza y dolor como lo es la muerte de un hijo, les diría que sigan luchando por sus hijos, que no bajen los brazos, que golpeen todas las puertas hasta encontrar justicia. La lucha es larga pero nos mantiene la mente ocupada y podemos ayudarnos entre nosotros.”

María espera la condena máxima para el asesino de su hijo, que permanece detenido bajo el régimen de prisión domiciliaria y está imputado por homicidio y lesiones graves. El juicio se realizará en el Tribunal Oral en lo Criminal N° 6 de Morón.

La Asociación Civil Prohibido Olvidar a Lautaro funciona los lunes, miércoles y viernes desde las 17:30 hs. hasta que se vaya el último de los 40 chicos que allí meriendan. Si bien recibe la ayuda de la Municipalidad de Ituzaingó con insumos y leche para darle a los chicos, más la coordinación y el contacto fluido con la directora del programa Envión, siempre es bienvenida cualquier tipo de ayuda.

Lo que se pide fundamentalmente son: pan, galletitas para acompañar la leche y así completar la merienda, también ropa para los niños y niñas que concurren.

“Una mañana entendí que desde el dolor podemos convertir lo malo en algo bueno para ofrecerles a los demás y así fue que emprendí este proyecto”, concluye mientras otro día sin Lautaro se escapa por entre sus manos.

por Noelia Venier

Lautaro falleció el 5 de abril de 2015. Tenía 17 años.
Lautaro falleció el 5 de abril de 2015. Tenía 17 años.
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